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Martes, Junio 19 - 2018 Pereira - Colombia

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CRÓNICA
Augurio y adivinación

Ángel Gómez Giraldo

Vaya que hoy, día de la segunda vuelta de elecciones presidenciales en Colombia, podemos  recibirla cual colación así fonéticamente nos dé la idea de chicharrón de bandeja paisa que a algunos les puede caer como pedrada al estómago.


Así pues que augurio es respuesta de adivinos que han tenido todos los pueblos y a los que se consulta sobre el futuro.


 Y sépase que la adivinación no solo era cosa seria para los romanos sino que lo sigue siendo en esta era de la revolución digital.


Los que se dedicaban a esta practica en Roma eran los agoreros y lo hacían por medio del canto , el vuelo y el modo de comer de un gallo o de cualquier otra ave.
Ahora, son los adivinos y los hechiceros quienes aseguran ver el mañana de las personas a través de la bola de cristal presagiando a favor de quien les paga la consulta.


Augures de donde a su vez procede la palabra augurio que está formada de “avis”, ave y “gerere” llevar, conducir, porque eran los sacerdotes los encargados de cuidar y llevar los “plumíferos” sagrados, aves que servían para los augurios.


 De esta manera el Senado romano era de mucho pollo y de muchas plumas,  y para tenerlos seguros se adecuaron allí mismo cubículos, además para que los agoreros ejercieran su ministerio y cantaran el futuro del imperio.


La ceremonia del augur empezaba cuando este tenía a los emplumados o pollos sagrados y pasaba a suministrarles un “preparadito” de granos y semillas, y observando su comportamiento sacaban conclusiones.


Si mostraban apetencia para el menú, el augurio era para celebrar. Pero si las aves en cambio de comer se dedicaban a cantar y a interpretar música de despecho, lloraba Roma, porque seguramente venían tiempos de desgracia.


Así, con este cuento tan gallo fue como los augures influyeron de manera decisiva sobre los destinos políticos y sociales de la denominadora del mundo en esos tiempos, afirman los conocedores de la historia de las palabras.

Temor
Fácil es pues colegir que los augurios de los augures romanos daban al traste con las sesiones y asambleas del Senado. Hasta cualquier sacrificio o ceremonia religiosa era cancelada por temor a que se cumplieran las predicciones.


Cundía tanto el pánico entre los romanos con el mal presagio que hasta los banquetes programados por los ciudadanos más acaudalados  se corrían de fecha por miedo a que los invitados terminaran atragantados con la comida y murieran ahogados.


Sin embargo resultaba fácil para un romano, tanto como que era pan comido, el escapar a los malos vaticinios. Con solo decir “Ad men non pertinet”, palabras que nos trae el autor del libro La historia de las palabras, ya no valía el mal anunciado por el agorero.


Más fácil aún, cuando se aceptaba a la fuerza el vaticinio, de la misma manera en que el yerno acepta resignado la visita de la suegra, el supuesto infausto pasaba a ser favorable.

César
Roma estaba llena de augures y adivinos. Y si no me creen pregúntenle al emperador Julio César quien por hacer caso omiso al clarividente que le pidió se cuidara no tanto de la suegra como sí de los idus de marzo, terminó muerto.


 No lo hizo y terminó asesinado de 23 puñaladas al llegar al capitolio, produciéndose el delito más insensato de la historia según Goethe.


Tal vez los conocedores de esta historia  verían con buenos ojos el cierre del congreso colombiano.
!Ah! También se sabe que si lo consultado por los augures era permitido, se le denominaba “fas” o si la respuesta era negativa , se le llamaba “nefas”.


Lógicamente que a raíz de esto surgiría otra expresión para ser machacada por el pueblo romano: “Obrar por fas o por nefas”, significando que bueno o malo el augurio, se tiene que hacer determinada cosa. Frase que sin duda equivale a la nuestra: “A lo hecho... pecho”.

Desprestigio

Como se puede ver, los augures de Roma eran consultados hasta por los patricios y por los cónsules. En Colombia son los adivinos y los “pitonisos” los que prestan sus servicios a los políticos y candidatos y lo hacen a pura bola de cristal, sin tener en cuenta lo que sostienen quienes carecen de toda superstición: “El hechicero no está al frente de una bola de cristal ni en la calle sino en el cerebro de quien busca esta clase de personajes”.


Sin embargo y a pesar del interés de los romanos por las predicciones, llegó el momento en que los agoreros cayeron en desgracia y perdieron prestigio, tanto que en tiempos de Cicerón hizo carrera el dicho de Catón quien en alguna época desempeñó el oficio. Comentaba que era imposible que dos augures se encontraran sin reírse.


Peor fue lo que hizo el cónsul Claudio Pulcro. Le confiaron la dirección de la flota en el sitio de Lilibeum durante la primera guerra púnica. Se dejó sorprender por los cartagineses, que los historiadores de aquel tiempo atribuyeron a su impiedad.


 Observando el general que los pollos sagrados no comían, cosa que indicaba mal presagio, los mandó echar al agua, diciendo: “Ya que no quieren comer, que beban”. Esto escandalizó a los soldados, los cuales, desmoralizados y dominados por el pesimismo, pelearon de mala gana y perdieron la batalla. Cuando esto ocurrió los augures ya venían perdiendo credibilidad y plumas entre los romanos de prestigio.


 Al contrario, nosotros seguimos creyendo en el clarividente, en el que adivina la suerte, en el que tira las cartas y lee cosas ficticias en el humo del tabaco. Y existen porque los consultamos.
¿Y cómo negarnos a creer que Duque y Petro, candidatos en segunda vuelta a la presidencia de Colombia solicitaron los servicios del adivino?
Tampoco se puede negar que el hechicero dio como ganadores a ambos.
Amén. 
 

 


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