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Domingo, Agosto 19 - 2018 Pereira - Colombia

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CRÓNICA
Amor eterno, como de canción

Ángel Gómez Giraldo

Diamante resplandeciendo con la más auténtica pereiranidad, así son los esposos Gloria Mejía y Guillermo Álvarez Trujillo.


Y ese cariño que se profesan es tal vez heredado de aquellos quienes en el año de 1863 hicieron la fundación de Pereira que luego se mezcló en tan sumo grado con el tesón antioqueño que pocos años después, en 1871, el doctor Ramón Elías Palau, don Gabriel Montaño y don Jesús Hormaza, quienes representaban a Pereira como voceros ante la municipalidad de Cartago, piden que la aldea pase a ser distrito municipal siendo así los primeros pioneros del incipiente progreso porque lo consiguen.


Claro que el matrimonio Álvarez Mejía se hace mucho más adelante en el tiempo, entrado el siglo XX para tener el privilegio de ser testigo de primera mano de aquella época de oro de la ciudad llamada así porque el civismo de sus gentes impulsó su verdadero progreso, y aceleró su desarrollo para llegar a ser lo que es hoy, la muy esbelta ciudad capital de Risaralda.


Lo mejor de todo es que doña Gloria y su esposo Guillermo brillan aún aquí con luz propia y están en capacidad de demostrar que ser pereirano de la época de oro es historia fina e invaluable.
Son estos, nuestros personajes, como oro en paño y el mejor adorno de la morena y querendona durante estas Fiestas de la Cosecha que se iniciaron el jueves 16 de este mes de agosto.


Y es que no es para menos ya que doña Gloria Mejía es la hija nada más y nada menos que de Juan Antonio Mejía Botero, un pereirano que no parecía pereirano sino europeo por su gallarda presencia, y de Concha González de Mejía, atractiva como un paisaje de verano.


Ya no existen, lógico, mas los veo ahí dentro del marco fino de una fotografía en blanco y negro que pinta época en una de las paredes de la sala de visitas.


Los veo como mirándose el uno al otro y como con deseo de tomarse de las manos. Apenas deseo porque eran los tiempos en que el amor y el romanticismo se sentían pero no se podían  expresar en público.


“Fui de 12 hijos la décima”, me confiesa doña Gloria con una voz melódica que caracteriza a las damas pereiranas que bailaron con orquesta en  las brillantes y perfumadas fiestas del desaparecido Club Rialto.


Lo manifiesta de manera contundente. Y es que estoy de visita cómoda y bien atendida ahí en el apartamento del edificio de la carrera 8a. que construyó su señor padre en extenso, asegurándoles vivienda a cada uno de sus hijos.


“Mi papá tumbó la vieja casa de bahareque  y construyó este edificio que fue de 5 pisos para preservar la unidad familiar”.


Apreciando que la señora Mejía conserva su rostro fresco, nacarado y suave, le pregunto si alguna vez fue reina de belleza.


“No, la reina fue Aleyda, mi hermana, cuando las Fiestas de la Caridad se programaban con el propósito de impulsar el progreso y obras como el hospital San Jorge y el Aeropuerto Matecaña”.
Y añade: “Aleyda, la mamá de Juan Guillermo Ángel Mejía, sobrino mío, con una oratoria tan sonora que le ayudó para el éxito que le reconocemos todos en la política y como hombre público”.


“Si señora, pienso que el doctor Ángel siempre ha sido un hombre de mucha altura, pues ahí lo tenemos ahora como gerente del Cable de Pereira”, le recalco yo, y créanme que su sonrisa de cristal se amplía más.

Compañero
Lujosa decoración la de su apartamento. Pero para ella el mayor lujo es la persona que permanece a su lado, y con tanta luz que alcanza para toda la familia Alvarez Mejía.


Es el mismo Guillermo Álvarez Trujillo con quien en el próximo mes de septiembre estará celebrando 62 años de casados, porque cuando se conocieron en el Club Rialto “sus corazones ya se querían”, verso del poeta Guillermo González.


Prueba de un amor verdadero fue la entrega que el esposo le hizo a la esposa de un aderezo de perlas finas durante una fiesta de Fenalco en la que participaban. El regalo llevaba una blanca tarjeta con la siguiente leyenda: “Para que esta noche luzcas como la más bella”.

Siempre juntos

Este amor así, tan grande, los ha tenido juntos y juntos van a los eventos sociales, actos oficiales y ceremonias religiosas.


De pronto la señora Gloria mira a su esposo y se vuelve a mí, exaltándolo: “Este hombre que está a mi lado es el amor más grande que tengo”.


No miente doña Gloria porque don Guillermo se destaca donde quiera que se ponga de pie pues tiene una estatura de un metro con 92 centímetros.


Ponderado como el hijo de mejor estampa que tuvieron Luisa Trujillo Mejía y Luis Enrique Alvarez.
Ambos coinciden en que las diversiones de la antigua Pereira eran tan sanas como la comida vegetariana: “Los hombres jugaban billar y las mujeres con las empanadas bailables del Club Rialto”.


Con el recuerdo fresco de las repichingas, reuniones familiares en casas de las amistades, sostienen que se hicieron famosas las que tenían lugar en la vivienda de don Enrique Alvarez, organizadas por su hija Ligia, la misma que de un día para otro decidió acabar con estos bazares yendo a un convento donde se hizo monja.

¿ Y las Fiestas de la Cosecha?
Doña Gloria se adelanta a don Guillermo en la respuesta: “Empezaron en el Club Rialto. Luego se sacaron a la calle para que todo el pueblo las disfrutara”.


El afecto de esta familia pereirana es tan grande que no cabe en el apartamento que tiene un espacio de 180 metros.


Lo vi gigante en la despedida que le dieron a Luis Enrique, “Lucho”, hijo menor quien regresaba a Bogotá luego de una visita a los padres. Los otros hijos son : Maía Isabel, fallecida, Marta Cecilia y Gloria Lucía.


Ya finalizando esta entrevista me atreví a pedirle a don Guillermo que me enseñara la alcoba matrimonial. Me sorprendió ver cómo el amor lo conserva todo, incluidos los esposos. Cama amplia con tendidos de seda, apliques en las paredes, luces y libros llenos de poesía. Hasta me pareció ver que una pequeña imagen de la Virgen María colocada dentro de una hornacina de madera brillante que se destaca sobre la cabecera del lecho nupcial, tan respetado por los demás, sacaba la mano y bendecía la alcoba.


Para orgullo de esta ciudad, ahí están como les he dicho, Gloria Mejía y su esposo Guillermo Álvarez para vestirse de fiesta nuevamente. Sí, de Fiestas de la Cosecha...

 


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