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CRÓNICA

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Lo que nos conceden los sueños
Publicado 06/08/2017

Bella Sanint Aristizábal tiene  25 años  y otros encantos de altura. Cuando apenas estudiaba en la secundaria era la tarea para mañana que se autoimponían sus compañeros varones para no dejar de verla a la mañana siguiente.
Desde que se acuerda ha soñado en colores porque según afirma no le tocó los tiempos de la televisión en blanco y negro, “y porque vivo plenamente”.


El sueño más reciente lo describe de la siguiente manera: “Iba por el desierto del Sahara montada en un camello como parte de una caravana de turistas entre los que se encontraban príncipes árabes. El agua embotellada como provisión no alcanzaba a calmar mi sed. Cuando desperté llovía torrencialmente. Entonces volví a sentir frío y de nuevo quedé dormida”.


Claudia Solano es otra pereirana con rostro de poema,  de sonrisa siempre y voz canora pues es promotora de ventas y receptora de alegrías.
Sin necesidad de insistirle porque le gusta revelar sus escenas oníricas, disfruta como nadie contándome el sueño de hace unos cuantos días:


 “Soñé que viajaba en calidad de pasajero de un bus intermunicipal con destino a la ciudad de Anserma en el departamento de Caldas, con la intención de visitar parientes míos residentes allí. Al empezar a dejar el valle del Risaralda para ascender a la colina donde está asentada la población, avizoré a  través de la ventanilla un lago enorme pero de agua turbia. Justo en ese momento el  automotor presentó una falla mecánica y no pudo seguir rodando. Cuando el conductor intentaba repararla, el vehículo se levantó por los aires y empezó a volar”.


Al despertar sufrió una gran frustración pues se dio cuenta que no había pasado de la cama.
Como lo podemos ver, estas dos damas no fueron reticentes a contar sus sueños. En cambio otras diez más abordadas al respecto en las calles del centro de la ciudad fueron aprensivas y se negaron a revelarlos a un desconocido.

Comprensión
Resulta a todas luces comprensible, mucho más si las entrevistas se realizaron a las 3:00 de la tarde con el soberano sol de estos días que no besa sino que muerde a quienes en la calle nos atrevemos a desafiar su resplandor.


Lichtenberg opinaba que “si relatamos sinceramente nuestros sueños, estos revelarían nuestro carácter más claramente que nuestra fisonomía”.
Efectivamente existe entre la gente cierto escrúpulo de contar los sueños. Si no fuese así nos haría falta tiempo para esta clase de relatos. ¿O será que la fama de que los sueños, sueños son, le quitan trascendencia?


Peor aún si sabemos que otros saben que “somos lo que nuestros sueños nos muestran”.
Es el mismo temor de desnudarnos ante las demás personas.

Lo que son
“Yo no le cuento a nadie mis sueños porque ni siquiera sé qué son los sueños”. Con esta afirmación tan rama seca, me salió una secretaria de gerencia experta en guardar los secretos del jefe.
Si leyera sabría que los sueños son la penetración del inconsciente en el consciente.


Los sueños, que la psicología clásica considera como un desorden psíquico, de construido absurdo y sin valor práctico tienden a considerarse como un acto psíquico que posee un sentido y cuya producción es determinada por leyes precisas. Así que el estudio de los sueños adquirió una importancia notable en medicina mental bajo la influencia de la escuela de Freud. La verdad es que soñamos más con personas que con cosas.

Lo que ofrecen

En correspondencia con lo anterior nunca sabremos en los sueños qué personas hemos estado viendo.
Eso de que nos cuenten sí que es hueso duro de roer ya que pocas personas tienen el valor de hacerlo por aquello de los prejuicios morales y sociales.
Y lo es tanto para  el uno como para el otro porque el primero está expresando una preferencia y el segundo, que es el sujeto y objeto del deseo, sabrá a qué atenerse.


Esto cuando se trata de imágenes proyectadas en la pantalla del erotismo.
 En la pagina 478 del libro ‘La interpretación de los sueños’ de Sigmund Freud, se puede leer: “La siguiente poesía erótica griega nos muestra que en épocas más ingenuas no espantaba la representación poética de satisfacciones oníricas groseramente sexuales”.


Y renglones más abajo: “Cuando a poca costa, sthenelais, la que inflama a toda la ciudad, la que es pagada con fuego, aquella a la que todos los poseídos por el deseo cubren de oro, me ha hecho feliz en un sueño, en el que ha posado desnuda a mi lado una noche entera hasta las primeras luces del alba. Todo me lo ha concedido. Nunca más me arrodillaré ante ella, beldad cruel; nunca más volveré a llorar e implorarle. Y el mismo se regocija exclamando: “¡Que todo me lo ha concedido ya el sueño!”.


¿Cuántos hombres y mujeres pueden decir lo mismo hoy por hoy?
Hombres, no insistir al rechazo de una mujer pues ya sabeis que la podéis tener en vuestros sueños. Mujeres no sufrir si el hombre que te atrae se queda en desdeños hirientes e indiferencia humillante,  seguramente lo verás llegar en sueños.


Ojo que si una persona está en nuestra mente cuando estamos despiertos estará asimismo en nuestros sueños. Y resulta hasta económico ya que soñar no cuesta nada.
Cuando un amor no está hecho para nosotros es un amor imposible. Mas quieto ahí que entre más difícil resulta más fácil es soñar con él. Nos lo termina dando los sueños.
Es que nacemos para soñar, según lo ha gritado a todo pecho el inventor del encefalógrafo, científico colombiano Rodolfo Llinás.

No volverán

Volviendo a las dos pereiranas del comienzo y  quienes de una manera audaz revelaron sus sueños aquí, seguramente la primera no volverá a soñar montada sobre un camello en el desierto del Sahara, ya que se le cumplió el deseo que mantenía de asistir  a Expocamello, evento realizado por la Cámara de Comercio de Pereira.


 Por su parte Bella, la promotora de ventas tampoco soñará otra vez volando en un bus de servicio intermunicipal mientras viajaba a visitar a sus parientes en Anserma  ya que se le cumplieron los deseos de montar en  avión.


“Lo hice anteayer para asistir en Bogotá a un congreso de promotores de ventas de todo el país”, hace saber.
 Finalmente, así como para permanecer despiertos tenemos que dormir, para soñar tenemos que estar en reposo o en palabras de menos plumas, dormidos.

Lo que despiertos  no podemos obtener, nos lo pueden conceder los sueños y sin costo alguno

 
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