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"... como si ese no fuera el único oficio al que nos han acostumbrado a los artistas y gestores de la ciudad: Ser mendicantes de una forma o de otra, para salvar un trabajo o salvar un proyecto..."
Luis Jairo Henao Betancur
El Diario del Otún
Atreverse a decir las cosas en materia cultural en la ciudad de Pereira, implica que desde las otras miradas, se señale al que escribe, como un resentido social o cultural, o que lo hace porque su condición es estar buscando peleas, o que está enojado porque lo excluyeron de los contratos del Instituto de Cultura, o que es un gestor “pelagatos” como acostumbran a nominalizar a los “otros”, a los “extraños”, algunos funcionarios de ese mismo Instituto de Cultura y de la Administración Municipal.
Es más, que uno carece de autoridad moral e intelectual, como para proferir un punto de vista sobre la cosa cultural.
Para ahorrar estas diatribas y asumir mi punto de vista, acepto que cumplo con cada uno de los anteriores enunciados, más los que no se han escrito, pero que se pueden decir al tenor de la lectura del texto, por ejemplo, que soy un miserable.
Tesis
A todo esto, para empezar y a la vez para provocar algo, enuncio como tesis argumental que en Pereira, existe una estratificación socio económico cultural, en donde se han agrupado a los artistas y gestores. Eso sin contar los denominados carteles de la contratación de la cultura, peor que el de los Nule...
Cabe entonces, si se puede amparar la anterior tesis en evidencias empíricas, obtenidas de un lado, a través de conversaciones con ciudadanos, artistas o gestores o funcionarios de la administración, en cafeterías, pasillos, andenes y espacios públicos, incluyendo las mismas Oficinas de la Alcaldía, y de otro lado, de las especulaciones de algunos funcionarios públicos, a los que se les ha otorgado cierto grado de credibilidad, a pesar de sus vacíos en materia cultural y del desconocimiento que tienen de los artistas de la ciudad.
Funcionarios
Pero como son funcionarios públicos en dependencias culturales o de la administración municipal, parten del supuesto que pueden asumir posiciones conceptuales frente al hecho cultural, sin ninguna pretensión teórica mínima, que explique lo argumentado.
Sería interesante que evaluaran el desempeño de estos funcionarios a partir de la producción de productos culturales o del conocimiento cultural de la ciudad.
A todo ello se va construyendo una serie de círculos o cofradías al rededor de estos funcionarios, conformado por artistas y gestores, para dar validez a lo enunciado y de esta manera, instituir como dogma, o más bien como paradigma del momento, las ideas sobre cultura, o cómo se debe administrar la misma. No interesa ninguna salvedad epistemológica, sólo es necesario el respaldo político.
Estratos
Esta situación ha provocado la aparición de una estratificación de los artistas y gestores que a mi juicio, es peligrosa, en cuanto provoca odios y señalamientos, que lo único que genera es una notoria división del gremio, a expensas de los intereses de la administración y como si la cultura se pudiera definir a partir de la dualidad acostumbrada: Buena - Mala. ¿Acaso el Instituto de Cultura no es la billetera de la clase política de esta ciudad?
Nada más fácil que eludir la discusión sobre un tema como éste, que la consabida desaparición simbólica de los artistas que se atreven a decir algo, relegándolos a una estratificación de malos, perezosos y pordioseros.
Como si ese no fuera el único oficio al que nos han acostumbrado a los artistas y gestores de la ciudad: Ser mendicantes de una forma o de otra, para salvar un trabajo o salvar un proyecto.
Esencia
Hay algo en la obra de arte o en el producto cultural y es la esencia, la vitalidad, pero da pena ver cómo lo anterior es producto de personas que no valoran su dignidad como artistas.
La cultura no se produce a partir del ejercicio de la genuflexión con la autoridad municipal de turno. La cultura nada tiene que ver con la politiquería del momento, ni mucho menos con los imaginarios o idearios de grupos políticos como lo estamos viendo y viviendo en la ciudad.
Es un error creer que las pretensiones de los políticos que administran la ciudad, les interese la cultura o el bienestar de sus artistas, porque si así fuera, Pereira sería una ciudad con grandes atributos estéticos y con una fuerte marca de recordación cultural. Claro que esto lo expreso así, porque fui parte de una mentira. Les creí a los políticos.
Buenos y malos
En este contexto y desde la perspectiva cultural, pregunto:
¿Quiénes son los buenos y los malos artistas y gestores de la ciudad?
¿A qué se debe su tipología?
¿Cuáles son sus características?
¿Cuál es el empeño de este señalamiento?
¿Quiénes ganan y quienes pierden con esta división absurda del sector de artistas y gestores de la ciudad?
Es hora de hablarnos para que la ciudad gane.
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