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Henry Alberto Calderón V.
Cuando se piensa en Danza se piensa en salas para el arte, salas que fueron creadas para retratar el movimiento escénico a partir del ritmo, tristemente nuestra región olvidó el principio fundamental de la formación, es allí donde las políticas creadas desde el estado se quedaron anquilosadas en las gavetas de nuestros dirigentes.
Vladimir Onstolonoskey, bailarín y pensador nacido en la Varsovia de los años cuarenta del siglo XX, plasmaba en sus escritos la necesidad de trasegar el camino de la danza más allá de las directrices gubernamentales y yo me pregunto: ¿La danza en nuestra región se quedo aletargada en los lineamientos de estado o por el contrario adolece de verdaderos creadores que se preocupen por el enriquecimiento de la cultura danzaria en cualquiera de sus manifestaciones? No, el sector no puede permitirse el lujo de esperar la creación de una política de formación emanada del estado.
Hoy vemos colectivos en diferentes líneas como la urbana, barrial, popular, clásica, de proyección o folclórica que superviven en garajes acondicionados como recintos de ensayo, donde cada quien lucha abriéndose paso en una selva de concreto para regalarnos una presentación en la que esperan su único pago, el aplauso del espectador que transita desprevenido por las plazas convertidas en escenarios improvisados de una dinámica estatal, igualmente improvisada.
Reflexión
Como reflexión en el imaginario de nuestros iguales, queda establecer los principios de formación como herramientas pedagógicas acordes a las necesidades de quienes tratan de formarse en el difícil arte de la danza, son ellos los llamados a crear arte dancístico, arte no solo para la recreación, arte que nos permita perpetuarnos en el tiempo como posibilitadores de movimiento coreo-musical en la región.
El pasado fin de mes, diferentes sectores con diferentes propuestas coreo-musicales engalanaron el escenario cultural por excelencia de la capital risaraldense, el Santiago Londoño, lo que evidenció una gran fortaleza en el complejo mundo de la danza, el interrogante sería, ¿si existe un gran movimiento danzario en la región donde están las creaciones colectivas o individuales de alto turmequé como decían los mayores al referirse a eventos altamente cualificados en escena? ¿O será que nos escudamos en la carencia de apoyo oficial para refugiarnos en la facilidad que nos da el convertirnos en copistas de trabajo danzado o pobreza creativa para plasmar nuestras creaciones? Eureka, he aquí el interrogante.
Seguramente cuando por fin nos enteramos que nuestro arte va más allá de lo elemental, la cultura ritmoplástica en el contexto regional deberá trasegar por un camino de construcción paralelo a las nuevas tendencias coreográficas, es allí donde realmente nuestros directores y coreógrafos se deben centrar.
La danza en Risaralda no se puede escudar en las réplicas quejumbrosas al llamarse la cenicienta en los planes de desarrollo de los gobiernos actuales.
Preguntas

Hoy preguntamos ¿Dónde se quedó el apoyo para los grandes eventos de carácter internacional en danza? ¿Dónde se encuentran los aportes para los intercambios danzarios en pro de enriquecer el sector? ¿Dónde se encuentran las alianzas estratégicas que desde el gobierno se diseñaron para el apoyo a la Danza en Risaralda? Seguramente estos interrogantes se quedaran sin respuesta.
Manuel Zapata Olivella, escritor, pensador y dinamizador de la cultura coreo-musical en Colombia argumentaba en varios de sus escritos, “Ay de aquel que sabiendo lo que tiene, no lo sabe defender”.
Pues bien, la cultura danzada en nuestra región debe tener un norte, un norte que nos permita caminar de la mano con las canteras de danzantes que tiene el departamento, un norte delineado que trascienda mas allá de la típica presentación de calle, un norte que obligue a quienes navegan en el complejo mundo de la danza a prepararse, a convertirse en ratones de biblioteca, a escudriñar con los viejos el lugar de nacimiento de la danza en Risaralda, a preguntarnos ¿quién o quienes fueron los impulsores del bello arte danzado en la región?
Nombres como Edilma Escobar quien dirigió el Ballet Ciudad Pereira colectivo que tuvo sus orígenes en la década del cincuenta; el Maestro Mario Peña; el Maestro Jaime Prado; el Maestro José Carlos Quintero; el Maestro Jaime Orozco; la Gran Maestra Ana María Mejía; seguramente estos nombres escasamente hoy son conocidos por las nuevas generaciones.
Testigos
Quienes en algún momento de nuestra existencia bebimos de sus fuentes escasamente somos referenciados, Maestros de la talla de William Cortes, Asdrúbal Loaiza, Jaime Fernández, Rosa Cristina Ruiz, Álvaro Javier Montero, Claudia Escobar, Ximena Orozco, María Eugenia Bermúdez, John Jairo Segura, y quien escribe este articulo somos testigos de la historia que no se ha escrito de la danza en nuestra región.
Tampoco puede pasar inadvertido el aporte que realizan los jóvenes directores en la etapa que recién empieza, Jorge Andrés Martínez Carmona, Luz Marina Valencia, Wilmar Alberto Raigoza Gutiérrez, Yaneth Rocha, Ómar Ramírez, Héctor Fabio Arango Vera, Alba Lida Arango, Gloria Elena Escobar, Mauricio Andrés Vargas y otros que se nos escapan al momento de escribir este artículo.
¿Cuántos de este referente son consultados o mejor, cuantos consultan a sus mayores para conocer nuestra historia? seguramente si realizáramos el estudio hoy, su respuesta sería un porcentaje demasiado bajo, por no decir nulo.
Academias

Por fortuna en Pereira existen academias con un juicioso plan de estudios y cuidadosamente estructurados, con una gama de ofertas serias y responsables, pero repito, de carácter privado, tristemente existe solo una escuela de Danza de carácter oficial, también encontramos academias con el membrete de “Escuelas de Formación en Danza” que solo son fantasmas o fueron creadas para obtener algún aporte ocasional, igualmente en el inventario cohabitan colectivos que direccionan sus esfuerzos en sostener la identidad del hombre paisa a través de trabajos realmente serios y dignos de representar la región en eventos de carácter internacional, a ellos va nuestra mano amiga, nuestro apoyo incondicional.
Tampoco podemos olvidar en esta radiografía los colectivos barriales que sin apoyo luchan desde la profundidad de sus sueños, con la posibilidad de fortalecer sus propios ideales sin más herramientas que la voluntad férrea al momento de construir sus trabajos coreográficos esperando salo un abrazo de felicitación o un fuerte apretón de manos. Sin pretender ser la panacea de la felicidad, pero con la humildad de conocer de cerca la realidad de la Danza en el contexto Latinoamericano, hoy me atrevo a pincelar de cerca nuestra propia realidad, a plasmar desde esta ventana una lectura cruda y descarnada pero real de nuestro sector.
Tristeza
Es triste observar los tan pomposos y anunciados encuentros departamentales o mejor, encuentros donde primero solo llegan delegaciones del cuarenta o máximo el cincuenta por ciento de la cultura danzada del departamento y segundo, con referentes de culturas foráneas sin el respeto que merecen ni el estudio cercano de sus culturas para ser presentadas con dignidad en los escenarios risaraldenses, son estos los espacios donde se fortalece la cultura de nuestro entorno, es allí donde se deben facilitar intercambios de carácter cultural para fortalecer nuestra danza, es allí donde se deben generar los intercambios que posibiliten en el protagonista directo su enriquecimiento en el vasto mundo coreo musical.
Tras la incipiente luz de esta ventana y con la certeza absoluta de incentivar a las nuevas generaciones a estudiar el hermoso universo de la danza, los invito a construir región desde nuestro quehacer cultural, a construir país, no importa que seamos Clásicos, Folclóricos, de Proyección, Tradicionales, Urbanos, Deportivos, Barriales o Populares, la invitación es para que nos adentremos en el maravilloso arte de la Cultura Danzada, con sentido de responsabilidad porque serán nuestros iguales quienes calificaran el aporte al engrandecimiento de la danza en Risaralda.
Desde mis demonios internos, un abrazo de Danzante.
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