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Sus pinturas son elegantes, finas, vitales. Tienen un aire de espectacularidad asombroso. Va por buen camino.
Gossa
El Diario del Otún
Llegó de Estados Unidos hace apenas unos meses. Un día de golpe llegó a mi estudio, recomendado por alguien del Instituto de Cultura de Pereira para hablarme de la posibilidad de hacer una exposición en alguna de las salas de arte de la ciudad.
Cargaba sólo un pequeño álbum de fotografías de esos que venden en San Andresito, con unas imágenes que parecían más postales callejeras que obras de arte. En medio de la incertidumbre pero guardando la esperanza de que estuviera equivocado en esta primera percepción, le dije al señor Pulgarín que si se podría ir a su casa para mirar las "cosas" que hacía y me respondió que sí, que eso era lo que quería.
Quince días después le hice la visita pactada y me llevé una muy grata sorpresa. Sin ser unas exageradas obras de arte, sus pinturas son elegantes, finas, vitales. Tienen un aire de espectacularidad asombroso.
El artista pinta con refinamiento, con una pulcritud aterradora, con lujo de detalles y con una ceremoniosidad impactante. Cada cuadro suyo, independiente de su tamaño, se vuelve un ritual. Lo dibuja primero y empieza la distribución del color.
Luego, procura porque los colores asignados sean perfectamente iguales a los de las figuras seleccionadas y ahí empieza la religiosidad de sus trazos, de sus pinceladas de sus toques puntillistas
. Las frutas de sus bodegones parecen de verdad, igual las hojas que protegen los tallos que adornan las enredaderas; los habitantes de las calles que se detienen por la lluvia pareciera que se hablaran entre sí, las mujeres desnudas lucen sus senos y partes íntimas con pudor y sus caballos, respiran.
No es un artista egresado de ninguna facultad, pero el tiempo que le dedica a la pintura, su dedicación, el respeto por hacer las cosas bien y su amor por el oficio, obligan a que los que le admiramos sus trabajos, lo titulemos en ese campo profesional. Bonita su exposición en la Sala del Lucy Tejada, Maestro Germán Pulgarín.
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