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Los peatones en algo muy parecido a una competencia, desafían las vías rápidas de la ciudad para poder llegar a sus destinos, y no hay ni vehículos, ni Megabús que se los impida.
Mujeres, jóvenes, hombres, adultos mayores, se ven enfrentados a pasar la calle en las denominadas avenidas o vías rápidas, siguiendo el instinto, adivinando la velocidad de los vehículos, pasando sustos, y sintiendo en sus espaldas el rasguño que los carros le dejan al viento.
Arriesgar la vida para pasar al otro lado de la calle, es la aventura en la que se encaminan los ciudadanos, que con el objetivo fijo de llegar rápido a sus destinos, no se detienen un minuto a pensar qué pasaría si en ese pequeño tramo de la vía, en ese pequeño intervalo del tiempo, se apareciera un carro con exceso de velocidad.
Sin embargo las reflexiones se acortan, como el día y no hay tiempo, y los habitantes salen a hacer parte de “la corraleja”, siendo protagonista de las imprudencias viales que dejan a más de uno con un vacío en el estomago.
De esta manera esquivar carros y motos, es común para muchos ciudadanos que no tienen otra opción, pues las alternativas se agotan cuando no hay puentes peatonales.
Como es el caso de vías como la Avenida Sur a la altura de Unicentro y la Ferrocarril en Dosquebradas, donde urge un puente peatonal que le permita a los ciudadanos dejar de arriesgar su vida por pasar al otro lado de la carretera que se caracteriza por la alta velocidad que utilizan los conductores. Para los ciudadanos que diariamente deben cruzar estas peligrosas avenidas los días cuentan para que las autoridades correspondientes pongan fin a una aventura obligada y común: Pasar al otro lado de la calle.
Y aunque los peatones hagan parte del cuadro de las conductas que no deberían ocurrir, los vehículos no se quedan atrás pues en muchos casos los conductores también buscan sacar ventaja del tiempo y no respetan ni dan paso al peatón que posiblemente lleva un buen rato esperando para cruzar.
Por su parte, los motociclistas también son campeones a la hora de hacerle trampa a la vía, se cruzan los separadores de las calles para no tener que dar la vuelta hasta el retorno, poniendo también en riesgo la vida.
Las imprudencias viales son causantes de la muerte de cientos de ciudadanos pero las conductas se siguen repitiendo a diario, por lo que sensibilizar a los habitantes y promover nuevos hábitos de vida debe hacer parte de la agenda de las autoridades en busca de la construcción de una sociedad mejor.
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