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La historia de Ómar Trejos Villegas, un pereirano de talento blanco y la frase que lo llevó a crear empresa familiar para ser también un decorador éxitoso. Además amar y leer, dos buenas posiciones.
Angel Gómez Giraldo
El diario del Otún
Ómar Trejos Villegas es un pereirano de días bastante blancos, pues vive de frente al yeso, mineral muy extendido el cual se utiliza para fabricar mortero en albañilería, considerado así mismo como un elemento más de la decoración de fachadas de edificios e interiores.
Efectivamente cuando le tocan el tema expresa de manera convincente que su arte está representado en las formas que le da al mineral para embellecer edificaciones tanto externa como internamente.
A veces se baña y cambia el traje de obrero para no verse tan blanco. Le gusta el color moreno con que el sol tiñó su piel el día que sus padres se lo ofrecieron al Astro Rey para vivir siempre en verano un amor que les había llegado con las temperaturas más cálidas.
Lo primero que Ómar escuchó en la casa a manera de norma familiar fue esta frase contundente: “No suplique a nadie ni se rebaje ante nadie”.
Era apenas un niño, pero cuando la razón le puso de pies sobre la tierra tuvo la capacidad de comprender que la frase con que su mamá Elvia barría diariamente la casa la había sacado incompleta de la boca del Coronel Aureliano Buendía, protagonista de la novela Cien Años de Soledad del escritor Gabriel García Márquez.
La oración completa es aún más explosiva y lapidaria: “No suplique a nadie ni se rebaje ante nadie, hágase el cargo que me fusilaron hace tiempo”.
Real
Para que el nacimiento de Ómar no fuera una ficción, la mamá se vio obligada a cerrar el libro de Gabo que leía cuando le llegó el momento de dar a luz.
Así pues, a pesar de que este hombre nació dentro del marco de un género literario tan divertido como lo es la novela, es una realidad que mide 1 metro con 65 centímetros de estatura.
“Nací -revela- durante el año de 1967, lo que fue una feliz coincidencia con la publicación en Buenos Aires (Argentina), de la novela Cien Años de Soledad, la primera obra exitosa de García Márquez”.
Ella por su parte asevera que el libro llegó a sus manos casi al tiempo de la concepción del hijo por su amor a la lectura, y sugiere: “No hay nada como leer y amar”.
Tiene razón la señora ya que son actitudes y posiciones que se relacionan: Cuando el hombre ama es un romántico empedernido y cuando lee poesía es porque ha entregado a otra persona el corazón. Ambos son soñadores.
Cuando uno está frente a Ómar Trejos cree que está con un hombre que tiene más yeso que piel, y de esta manera somos dos los “blanquiados”.
Sin alardes de ninguna naturaleza, con una sencillez de overol azul pero con tono académico, va sacando, uno no sabe de dónde, enseñanzas que dan cuenta de que no carece de formación: “El arte es comunicación, y la literatura nos permite conocer al hombre”.
Cariño
El cariño filial por la madre crece en él con los días que son a la vez el tiempo que pasa sin tocarla a ella porque no es sino verla para saber que se conserva joven.
“Mi madre ha sido tan buena mujer que se ha ganado el respeto del tiempo y por ello su rostro sigue siendo el de una quinceañera”.
No ahorra elogios para la figura materna y es tan sincero en lo que dice que el alma se le sale por los ojos para rubricar tales afirmaciones.
Un día
Un día de esos que se le vienen a uno con todo lo bueno, lo tomó el amor de la mano y se lo llevó en busca de un atardecer de esos que en la brillantez del verano pereirano llenan el cielo de arreboles para traerlo de regreso con dos hijas que a diario peinan alegrías.
“Mis hijas son Natalia y Melisa”. De paso sale en defensa de la familia como institución, predicando que “sin ella la sociedad se descompone. Es que en familia aprendemos los valores humanos, a dejarnos llevar por el corazón y a utilizar como arma a la razón”.
Algo introvertido, de cuerpo menudo, y esto le permite moverse en el taller y almacén que tiene ubicado en la calle 29 con carrera 6a. de Pereira como pez en el agua, da la impresión de ser un escultor reconocido.
Allí hace fiestas con el yeso. Cómo será que uno de sus asistentes afirma que el yeso que no se come se lo unta.
“Es saludable para el hombre untarse de lo que hace”, replica Ómar Trejos.
Llegó a este mundo del yeso como ayudante de obras con este mineral que cristalizado en el sistema monoclínico puede tener cualquier color por las impurezas, pero que aislado es incoloro o blanco.
Su relación laboral fue con arquitectos y decoradores de interiores con los cuales aprendió la obra en blanco.
Al descubrir que sus manos fueron hechas para acariciar el yeso, pasó a la moldura obteniendo el diseño de los elementos decorativos como las columnas romanas, las cúpulas, los domos y los rosetones hasta completar una gama de 120 elementos decorativos, incluidos los sistemas livianos.
Ingenio
Cuando le cayó encima el monstruo del desempleo y se vio sin trabajo, recordó la frase de su madre y se lanzó a crear su propia empresa.
Meter en el yeso a toda la familia fue su propósito y así lo hizo porque más pronto de lo esperado todos los Trejos Villegas fueron “pilla’os” con las manos en dicho material.
Madre, hermanos, primos, sobrinos y hasta amigos fueron y continúan siendo sus empleados. A la vez personas felices echándole dinero al bolsillo.
Lo que hace el ingenio acompañado por la necesidad y el ocio: apenas se estaban dando a conocer en el oficio cuando fueron llamados a tomar la obra blanca, a decorar fachadas y espacios interiores de edificios y apartamentos de exclusivos sectores residenciales de la ciudad.
Activo y creativo, el pereirano Ómar Trejos Villegas vive ahora con la misma solvencia y elegancia de las columnas romanas y los rosetones que fabrica para la decoración de interiores.
Sus hermanos, Jesús Dado y Juan de Jesús se hicieron sus propias alas del yeso, tan finas que con ellas pudieron volar hasta la ciudad de Panamá donde tienen fama de buenos decoradores.
Patricia, la hermana, se encuentra en las Islas Canarias de frente al mar poniéndole óleo a las olas. Pinta que da miedo.
Parece ser que toda la familia Trejos Villegas tiene talento para el arte y para superar momentos difíciles, sobre todo aquellos creados por la angustia de no tener ni siquiera billullo.
Mujer con alas
En el taller de Ómar vuela una mujer con sonrisa de Gioconda, es su prima hermana Sandra Milena, que figura como una empleada más de la empresa familiar.
A pesar de que tiene el cargo de fundidora saca tiempo para la lectura. En una mesa auxiliar la literatura hace juego armonioso con el color blanco del yeso. Es la obra "Una vida con propósito" de Rick Warren.
Para finalizar, no le pregunto a Ómar por la fachada de la casa sino por lo que debe tener adentro y el me responde como todo un experto en decoración: “Nunca olvide Ángel que el efecto que recibe el visitante al entrar en una casa, es primordial. Si es agradable parecerá que le dan la bienvenida”. La idea que tuvo Ómar de crear empresa al quedar como un desempleado más en la ciudad, también contribuyó a mantener la unidad familiar ya que el trabajo da el dinero y el dinero el bienestar de todos.
“No suplique a nadie ni se rebaje ante nadie”, fue la frase a medias que su mamá le sacó de la boca a Aureliano Buendía y que aprendió luego el hijo en toda su extensión y de manera literal para no morir de hambre... tampoco de amor.
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