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LAS ARTES

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El papel de la mujer en el destino de Colombia
Publicado 07/10/2018

Julián Chica Cardona*

 

 

LORENCITA VILLEGAS DE SANTOS, 120 AÑOS DE SU NATALICIO

En el lugar donde nació Lorencita ahora hay un prado, un carrizal y un talud de olvido por donde pasa la variante La Romelia-El Pollo. Lo bordea el muro de una pequeña acequia donde cantaba el agua en otro tiempo. La casa de chambranas de la finca cafetera de finales del siglo XIX se fue desmoronando lentamente en la complicidad de los inviernos que se colaban por entre las alfardas que sostenían el techo. Le sobreviven las ruinas de un poyo de cemento con cerámicas de color verdeazulado donde estaba la cocina y un estanque circular con enchapes blancos percudidos, que era el reino de los patos en la huerta. Ahora hay un prado donde podría haber un jardín de hortensias, rosas blancas y azaleas rodeando el busto de ella, mucho verde en el sendero y mariposas jugueteando entre los ramos tiernos. Al fondo, la vida urbana y el manto azul que la cobija, reclaman su memoria, en este 2018, a los 120 años de su nacimiento emulamos su recuerdo.


Bajo el aire enrarecido por la inminencia de la Guerra de los Mil Días vino al mundo Lorencita (octubre 5 de 1898), en la pequeña hacienda de café llamada El Paisaje, pie de monte de la vereda La Cima, fracción rural de Dos-Quebradas, jurisdicción del Municipio de Santa Rosa de Cabal, departamento del Cauca, propiedad de su padre, el aguadeño José Antonio Villegas y Villegas. Era la octava de una familia de diez hijos y su madre fue la sonsoneña Carlota Restrepo Botero. Su nombre de pila era Ana Lorenza, bautizada en el templo de la Pobreza de Pereira a los 43 días de nacida por el Pbro. José María López, y a los ocho años, recién creado el departamento de Caldas, la familia regresó a Manizales para instalarse posteriormente en Bogotá (1908).


Allí se convirtió en la madrina del periódico El Tiempo a los 13 años, fundado por sus hermanos Alfonso y Mariano en 1911, y a los 19 contrajo matrimonio con el abogado Eduardo Santos Montejo a quien le sirvió de apoyo logístico en sus actividades de política y de jurisconsulto acompañándolo en Ginebra (Suiza), durante litigio del trapecio amazónico con Perú, en el que se ratificó la soberanía de Colombia. Desde 1926, cuando perdió a su hija Clara de tres años por fiebre escarlatina, vistió de negro, no volvió a bailar, y a pesar de su cordialidad no gustaba de quienes abusaban de la familiaridad o solían perder de vista la cortesía a la que solía ceñirse sin excepciones. Elegante y refinada, mimada por la suerte que le dio cuanto en lo material hubiera podido desear, se sentía demócrata de corazón, muy cerca de su pueblo, de las gentes sencillas, de los campesinos y como había nacido en una pequeña fiinca denominada “El Paisaje”, en Dos Quebradas, decía graciosamente: “al fin y al cabo yo no soy sino una montañera…”. (El Tiempo, 26, 03, 1985).

 


Desde entonces vivía obsesionada por el desamparo de la niñez y después de haber logrado la construcción del Hospital Santa Clara de Bogotá (en memoria de su hija), especializado en la atención a los tuberculosos (diciembre de 1938), se propuso crear el Hospital Infantil con un legado de la familia Copete de la Torre (1939), y posteriormente el Clarita Santos de Santa Rosa de Cabal (nombre que ya no conserva); el San Vicente de Paúl, de Medellín; la cárcel del Buen Pastor de las Hermanitas de los Pobres, el Instituto de Sabiduría para niñas invidentes y sordomudas, el Instituto Nacional Femenino Lorencita Villegas de Santos, y las obras de las Hermanas Vicentinas, Misioneras y Hermanas de Cristo Sacerdote. Sin embargo, la obra de mayor trascendencia fue la Liga Antituberculosa Colombiana (LAC), en un momento en que la única entidad que se interesaba en atender este flagelo era la Cruz Roja Nacional.


Esta institución poseía un lote en La Serpentina, y allí propició la construcción del dispensario antituberculoso, luego de que visitara personalmente ese antro de la muerte que era el pabellón del Hospital San Juan de Dios, donde nadie se atrevía a entrar por el miedo al contagio, y donde los enfermos en el último grado de su padecimiento, sentados en el suelo de aquellas viejas habitaciones gélidas y oscuras, esperaban la muerte, mientras veían caían caer la lluvia por entre los techos, carentes por completo de la más mínima atención.


Iniciado el período presidencial de Alfonso Lopez, asumió con su esposo la tarea de impulsar la realización de la Primera Feria Nacional Agropecuaria en la que se había empeñado la dirigencia pereirana, y lo vio materializado en su calidad de primera dama, cuando tres meses de la posesión visitó con el presidente la Villa de Cañarte (noviembre 28 de 1938),  para el acto inaugural de dicha Feria en las instalaciones del Club Rialto del parque Bolívar con carrera 7, acompañados de los Ministros de Economía, Asistencia Social y Trabajo, y los gobernadores del Tolima, Mariano Melendro, Valle del Cauca, Dr. García Vásquez, Caldas, José Miguel Arango, y demás comitiva pereirana.


Este espaldarazo que la pareja presidencial le dio a Pereira, le granjeó a Lorencita toda clase de animadversiones de la prensa y los políticos manizaleños, quienes al querer defender sus colores capitalinos se sintieron agraviados por patentar una feria nacional en un municipio independentista con el cual ya guardaban conocidas diferencias ideológicas. Era tal la admiración que Emilio Correa Uribe, director de El Diario, y los pereiranos en general le profesaban a Lorencita que cada que ella recibía un homenaje en dichas páginas salía la primicia.


“Condecoración a doña Lorencita Villegas de Santos. (…) En un gran festival que se realizará en el teatro Colón, el próximo 2 de diciembre, día de la salud, se otorgará a doña Lorenita Villetas de Santos, el gran premio de la medalla <Hipólito Machado>, con el objeto de demostrarle la admiración y el agradecimiento del pueblo colombiano por su intensa acción en la cruzada de la lucha antituberculosa y de la Cruz Roja de Colombia”. (El Diario, 1941).


Luego vino la dictadura del General Rojas Pinilla, y el repudio a la censura de este régimen se hizo evidente en las editoriales de EMEZETA, como se firmaba don Emilio, hasta cuando  los pájaros del Valle supieron de su viaje a Cali en compañía de su hijo Carlos (abogado de la Universidad Javeriana), quien conducía el vehiculo, y lo esperaron a su regreso en las afueras de Zarzal para  asesinarlos el 8 de julio de 1955. La reacción del periódico El Tiempo fue contundente porque en la editorial del día siguiente el director Roberto García-Peña, acusó directamente al régimen como autor intelectual de este execrable crimen cuyo tinte político era evidente, en tratándose de periodistas ejemplares y dos notables ciudadanos pereiranos.


En las subsiguientes ediciones García-Peña se ratificó en su denuncia, negándose a retractarse como lo pedía el gobierno, y esto condujo al cierre del periódico el 3 de agosto, y el asilo en Francia de los propietarios (el expresidente Santos y su esposa Lorencita), que se prologó hasta 1957 cuando regresaron al país donde transcurridos dos años el tratamiento médico de Lorencita se hizo ineficiente y ésta debió recluirse en una clínica de Nueva York donde pocos meses después falleció (marzo 25 de 1960). En su memoria, Eduardo Mendoza, editor de El Tiempo y otros tantos colaboradores, le dedicaron un suplemento especial del que tomamo un fragmento a esta regia dama nacida en nuestra tierra cafetera.


“… Su belleza que conservó hasta el fin, fina belleza de Tanagra, hecha de perfección de rasgos, con su perfil de medalla griega; su innata elegancia, sus ojos vivos, casi siempre algres y juguetones, infinitamente melancólicos en los días de los grandes dolores, expresivos como muy pocos; su boca perfecta, sus manos de archiduquesa. (…) Nadie hubiera podido creer, al verla, en su última permanencia en Bogotá, que tenía ya más de sesenta años. No pudo rosarla siquiera la torpe ala de la vejez ni la enfermedad alterar su puros rasgos de Madonna”. (Mendoza, El Tiempo, 1960).
(1. El Diario, Pereira, Caldas, miércoles 21 de octubre de 1941, edición N° 3722).

 

 

Bibliografía
CHICA CARDONA, Julián. Dos-Quebradas. Industria y Región, 1880-1980, Capital Graphic, Manizales, 2015
MENDOZA VARELA, Eduardo. Redactor El Tiempo, Lecturas Dominicales, Lorencita Villegas de Santos, Apuntes para la Biografía de un Ser Excepcional, Bogotá, 24 de abril de 1960.
TIRADO MEJIA, Alvaro. Nueva Historia de Colombia, Editorial Planeta, Bogotá, 1989.
VILLEGAS CORTÉS, Andrés. Descendientes de Don José Antonio Villegas Villegas y de Doña Carlota Restrepo Botero, Compilación: (Con los aportes de las Familias: Villegas Cano, Villegas López, Mazuera Villegas, Villegas Puyana y Santos Villegas), Bogotá, 2012.

 
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