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Ing. Francisco Eladio Restrepo, pionero y líder indiscutido de la electrificación
Publicado 08/07/2018

Alonso Gaviria Paredes

“Compró para sí las tierras para el proyecto Guadalupe… Esto era una especie de leyenda que circulaba permanentemente en las esferas del Municipio. El traslado de tierra a la entidad oficial sin recibir Pachoeladio (así le decían sus amigos) un solo peso por la gestión realizada… se inmortalizaba ante los ojos de todos por su actitud de honradez y honestidad. De ahí en adelante su nombre de Pachoeladio era símbolo de caballerosidad a toda prueba”. (Testimonio de sus contemporáneos).


El doctor Francisco Eladio fue un notable estudiante de aquella y exigente Escuela de Minas de Medellín, un aula mítica de perfecta ecuación matemática. Concejal, diputado, funcionario estrella. Estaba con esa titánica generación que con los números y los ferrocarriles hizo país. En la dictadura del general Rojas Pinilla, ese gobierno clausuró los concejos, las asambleas y las reemplazó por consejos administrativos no elegidos por el pueblo, sino nombrados por el ejecutivo. Ya estaba en incubación usurpar esos valores y patrimonios de la ciudadanía. El ingeniero Restrepo según El Correo órgano del Liberalismo antioqueño tituló: “Por decoro personal el doctor Francisco E. Restrepo no irá a la Junta de Rentas”. Y no aceptó.


El fue el padre de la electrificación en Antioquia. Por encargo de las Empresas Públicas de Medellín el ingeniero Francisco Eladio junto con el abogado y escritor Fernando Gonzáles Ochoa fueron a visitar los terrenos óptimos para la futura central hidroeléctrica de Guadalupe. Para evitar especulaciones inmobiliarias con los predios en alza, los negociadores a título particular dijeron que eran para cultivos. Las gerencias municipales les confiaron los dineros para las compras sin informar al público. Ni un solo centavo, mordida, coima ceveyé fueron a bolsillos utilitarios particulares.

 

Ingeniería exacta
El ingeniero Restrepo para sus labores de campo y reconocimiento utilizaba el flotador de corriente para medir los caudales, un barómetro, un nivel, para medir las elevaciones y caídas. Bella y preciosa ingeniería primitiva pero exacta. El visionario vio las bondades para instalar la central generadora de energía eléctrica en Guadalupe y dio paso para que el Departamento fuese y sea hoy el potencial de energía limpia.


Guadalupe fue una obra revolucionaria y sorprendente, marcó los fundamentos para la industrialización. “La gran maravilla física de Antioquia”. Un 2 de septiembre de 1932 entró la canalización y un 12 de octubre del mismo año la inauguración. Pachoeladio -ya en confianza- se embarcó en la electrificación en razón a que la deforestación es momentánea riqueza. Otro colega el doctor Fabio Rico Calle dijo: “La minería del oro es pan para hoy y hambre para mañana”. Esos socavones irían a convertir nuestros suelos en paisajes marcianos. Recuerda que la Guerra de los Mil Días había dejado a Colombia en la inopia; entonces estos atrevidos profesionales -generación irrepetible-contemplaron que, solo industrializando, se recobraba esa pesadilla de equivocaciones políticas. La depresión de los años treinta atrasó al país y solo la empresa privada la rescataría.

 

Los terrenos
De los terrenos de Guadalupe se sabe que el abogado Fernando González Ochoa trabajó en los aspectos jurídicos de esa negociación y traspaso limpio, apenas con una dosis de estrategia para evitar la hoy institucionalizada corrupción y de la que se avergüenzan hasta los sepulcros. El caricaturista Velezefe hizo un dibujo de un campesino y otro contertulio con esta leyenda: “Electrificación o catástrofe”. Esto hacía entender que si Antioquia no hacía sus redes de energía eléctrica se estancaba. Se formó una junta y entre ese notablato estaba el ingeniero -pereirano por cierto- José Tejada Sáenz fundador de la empresa de ingeniería Integral que hizo estudios para Pereira. El ingeniero Restrepo aparte de sus ocupaciones oficiales estuvo con los esfuerzos de las empresas particulares como: Simesa, la fábrica de tubería galvanizada, Erecos, Holasa, Tutec.


Cabe anotar que en una conversación entre el ministro de Fomento (hoy Desarrollo) estaba un amigo del ingeniero Francisco Eladio: el ingeniero Joaquín Vallejo Arbeláez. Los dólares en poca cantidad y los industriales a cuentagotas. El doctor Restrepo fue donde el ministro y le dijo: “Joaquín, necesitamos urgentemente dólares para que el sector productivo no se paralice, no podemos depender del café ni de la minería; no hay sino una cosa que nos sobra y es mano de obra y está ociosa además es muy barata. ¿Por qué no buscamos una forma de exportarla?”. Su amigo el ministro Vallejo le pidió más detalles; iba a pensarlo. Restrepo insistió “que el Gobierno nos facilite los dólares para comprar materia prima y nos dedicamos a exportar exclusivamente la fabricada”. Se estableció así lo que se llamó el Plan Vallejo; sin embargo, el ingeniero Francisco E. jamás reclamó para él la paternidad de esta idea práctica a todas luces y llegó el respiro. Con respecto a la urbanización vio las bondades de la construcción con toda ética y ampliación reglamentada para desarrollo ordenada y: “nos tapamos de plata”.


Este libro es todo un ejemplo de una vida profesional afilada al máximo. Impresa en Cargagraphics, Bogotá, noviembre de 2010. La portada es con la fotografía del doctor Francisco E. y al fondo el complejo de la hidroeléctrica Guadalupe. Labor retratista de Hernán Vanegas y cortesía del periódico El Colombiano. Fotos familiares cedidos por doña Enoris Restrepo de Martínez Velásquez, cincuenta capítulos, 217 páginas, formato de lujo, pasta dura y compilación de Adolfo-León Gómez.


La leyenda
El salto gigante de Guadalupe tiene su hermosa y trágica leyenda: Una princesa indígena estaba ennoviada con un príncipe de la tribu de los Nutabes; a la cabeza de un grupo de guerreros, escapó con la hija del cacique de los Yamesíes; éste furioso los persiguió y dio muerte al joven pretendiente. Sobre el cadáver del enamorado, la princesa lloró toda la noche. Al día siguiente sus lágrimas se transformaron en riachuelo y después en majestuosa catarata. Poema: “Y lloró tanto al borde del abismo, que las líquidas perlas de sus ojos en cascada tornárense allí mismo”. El descubrimiento de esa gran caída de agua caudalosa se atribuye al conquistador Jorge Robledo, otros afirman que fue Francisco Vallejo. En el siglo XVII Martín Mora le dio el nombre de Guadalupe y se consideró: “con derecho a la quebrada, salto, mina y labores”.
La palabra Guadalupe es de origen árabe en cuanto al vocablo Guad y fue traída por los españoles a América. El nombre si proviene del río Guadalupejo (río del Lobo) en Toledo, España.

 
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