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LAS ARTES

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La Independencia en la región
Publicado 05/08/2018

Alfredo Cardona Tobón

Pasado el pánico por la derrota en el  Puente de Boyacá,  el virrey Sámano envió expediciones  a varios sitios para retomar el control;  el  coronel Francisco Warleta con 350 veteranos españoles del Regimiento de León tomó  la población de Cáceres en Antioquia y luego ocupó a Yarumal en tanto el español Sebastián de la Calzada salía de Popayán  con rumbo a Cartago con la intención  de abrir un corredor que comunicara a Pasto con Santa Marta, los dos baluartes más poderosos del gobierno colonial


 Para evitar lo anterior Bolívar ordenó a general  José María Córdova  marchar hacia Antioquia para contener a Warleta. El 12 de febrero de  1820  el general  patriota,  en rápido movimiento,  derrotó a los realistas   en “Chorros Blancos” dejando libre el camino  para la liberación de la costa Atlántica.
.Ante tal situación Sebastián  de la Calzada abandonó la población de Cartago y regresó a Popayán  a organizar su defensa, dejando una columna  que bajo el  mando del patiano Simón Muñoz, avanzó por el Valle del Cauca dejando una estela de desolación y ruina.

EN EL NORTE DE LA PROVINCIA

Después de la  batalla en  el  Puente de Boyacá, los habitantes del Valle del Cauca de alzaron en armas y comandados por Joaquín Ricaurte vencieron  al coronel  español Miguel Rodríguez en el Llano de San Juanito.


Las derrotas en “Chorros Blancos” y en “Sn Juanito” fueron duros golpes para los realistas; sin embargo en los cantones  de Cartago y  Toro continuaron las hostilidades mientras en la mayor parte del virreinato continuaba ondeando el pabellón real; aunque en el norte de la provincia de Popayán  no hubo grandes movimientos de tropas,  en las poblaciones de Cartago, Ansermanuevo y Supía se libró una guerra de guerrillas al igual que en las aldeas  de Arma, La Montaña, Quiebralomo y Tachiguí.


Los vecinos de Ansermanuevo, en su mayoría partidarios de la monarquía, se dispersaron por los bosques de la cordillera occidental y conformaron grupos armados bajo las órdenes de Ermenegildo Mendiguren, Castelar y Jerónimo Ortiz. En las filas republicanas se destacó el inglés John Runnel, quien con su cuadrilla de indios y de negros robó,  atacó haciendas e impuso su voluntad hasta la llegada del ejército republicano dirigido por el coronel Concha, que lo capturó y lo envió prisionero a Santa Fe de Bogotá.


Mendiguren, con una partida de setenta hombres ocupó el caserío de Riosucio,  saqueó la casa del padre Bonifacio Bonafont  y destruyó los archivos de la parroquia. En la noche del 28 de febrero  de 1820 veinticinco hombres de  Jerónimo Ortiz, atacaron a Quiebralomo causando dos bajas y obligando  a la avanzada patriota a retirarse al paso de Bufú.


Mientras los curas de Guática y Quiebralomo inclinaban a sus feligreses  a favor del rey y  el padre Bonafont encendía los ánimos patriotas en la aldea de La Montaña, los antioqueños atajaban  las guerrillas realistas en los pasos de Bufú y de La Cana; y desde  la aldea de Arma neutralizaban la ofensiva española sobre el norte de la provincia.


Don  Francisco  Pereira Martínez, uno de los sobrevivientes del combate de Cachirí en tierras del Socorro, se había refugiado en las ruinas de Cartagoviejo. Cuando Calzada se replegó hacia el sur, don Francisco Pereira se puso al frente de la  Jefatura Política y Militar del Cantón y auxilió con hombres y armas al capitán  Custodio  Gutiérrez en la  reconquista de las poblaciones de Supía y Riosucio.


En una carta fechada el 5 de diciembre de 1819, el capitán Custodio Gutiérrez informó al presidente Santander sobre tales operaciones:
“ Excelentísimo Señor:
Tengo la satisfacción  de comunicar a V.E  haber dado libertad a los pueblos de Riosucio y La Vega de Supía, dejando arreglados las postas y el correo y completamente abierta la comunicación  de este  valle con Antioquia.


En esta jornada ha conseguido la República la ventaja de haber hecho prisioneros a 50 soldados, otros tantos fusiles y cartuchera, 30 bayonetas, 50 cartuchos,  50 piedras de chispa, dos tambores y una caja de guerra de metal muy bueno.  Entre los soldados se encuentra un capitán y un  subteniente americanos, un tambor, dos sargentos, un cabo y  4 soldados españoles. También cogí en los montes y armado al cura de este pueblo doctor Ramón Bueno, quien protegía a estos tiranos y que, por su causa escaparon un capitán, dos subtenientes y dos soldados españoles que hasta ahora se ignora dónde están”.


Las guerrillas de uno y otro bando operaron en toda la región; el  11 de marzo de 1820  una partida realista embosca  en Tachiguí  a un oficial patriota y a cuatro soldados que  venían del Chocó y los asesinan; en tanto que doscientos soldados de Calzada se concentran en Riosucio y  retroceden hasta Ansermanuevo al recibir informes sobre la  superioridad de las fuerzas antioqueñas destacadas en los pasos del río Cauca.


Ls cantones de Toro y Supía  estuvieron unas veces en poder de los realistas y otras en manos de los patriotas. La población de Riosucio fue un baluarte republicano y Supía fue la primera población de esta zona que manifestó su voluntad de independencia; en  cambio muchos notables de Cartago  respaldaron la causa realista, de tal  modo, que como cuenta Boussingault, organizaron un baile cuando murió Bolívar.

EL OCASO REALISTA

El 19 de mayo de 1820  los patriotas derrotan a Simón Muñoz en el sitio de  Alegrías; y se apoderan de 300 mulas con armas, pertrechos y bastimento para las tropas españolas. El oficio de ese patiano al servicio de los realistas era robar y asaltar para mantener  las fuerzas realistas, pero su crueldad y sus excesos fueron tan grandes que  las autoridades quiteñas lo llamaron a juicio; para librarse del castigo Muñoz desertó de las filas coloniales y continuó sus atropellos bajo las banderas patriotas hasta  que  sus antiguos compinches lo capturaron  en Quilcacé y lo mataron a garrote.
En junio de 1820 el general Valdez  derrotó a Sebastián de la Calzada en Pitayó; allí empezó el declive total de la causa realista, fue entonces cuando La Calzada se  retiró a Venezuela donde continuó luchando por su causa, al final  viajó a Cuba y allí terminó sus días..


Doscientos años después de  los acontecimientos libertarios conviene recordar esa época  y reconocer la valentía de los  patriotas de este territorio.¿ Cómo olvidar al padre Bonifacio Bonafont, a Francisco Pereira Martínez, Custodio Gutiérrez, Miguel Robledo y al padre Remigio Antonio Cañarte?  ¿Cómo no reconocer el  coraje de esos soldados anónimos, reclutados de la gleba indígena y afroamericana, que lucharon y  ofrendaron su vida por la libertad  en esta provincia y en el  sur del continente?


La historia no solamente fue tallada por los grandes héroes, también en estos territorios olvidados se escribió con sangre y lágrimas la  magna gesta de la independencia.

 
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