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LAS ARTES

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La trágica vida de Bernardo Arias Trujillo
Publicado 11/03/2018

Albeiro Valencia Llano

Hace 80 años, el 4 de marzo de 1938, falleció en Manizales este extraordinario escritor, a la edad de 35 años. Su inesperada muerte motivó un inmenso duelo nacional. La capital de Caldas era una ciudad pequeña con un poco más de cien mil habitantes y Arias Trujillo era una figura pública, objeto de atención en todos los círculos, se tejían mitos sobre su vida privada y se había convertido en un personaje de leyenda.


La muerte del escritor tuvo amplia repercusión en la prensa nacional a pesar de las noticias sobre el avance del nazismo en Europa y de la polarización del país por el debate político. Los círculos intelectuales de Bogotá le hicieron numerosos homenajes, coordinados por el Leopardo José Camacho Carreño, con la participación de Rafael Maya, Carlos Ariel Gutiérrez, Lino Gil Jaramillo, Rodrigo Jiménez Mejía y muchos escritores más. Al mismo tiempo la gran prensa hizo abundantes reseñas sobre la vida y obra del escritor.

¿Cómo era Bernardo?

Nació en Manzanares el 19 de noviembre de 1903 y aquí cursó la educación primaria y algunos años de secundaria, pero quería conocer la ciudad de Manizales y continuar su educación en la capital. Lo apoyó su tío, el general Jesús María Arias, quien lo tomó bajo su tutela; ingresó a la Escuela Normal de Varones, pero solo permaneció un año porque fue despedido por sus ideas políticas. Ingresó al Instituto Universitario, se familiarizó con los libros, se relacionó con el ambiente cultural que allí se vivía y frecuentó la famosa Librería Moderna, del intelectual Juan Bautista López.
En 1918 ya pertenecía al círculo de Justiniano Macía, Aquilino Villegas, Gonzalo Restrepo, Néstor Villegas, Pedro Luis Rivas, Óscar Arana, Victoriano Vélez y Tobías Jiménez. No era un escritor, pero lo invitaban a participar en los círculos literarios.


Culminados los estudios en el colegio viajó a Villahermosa (Tolima), donde vivía su familia; su padre le dio el empleo de escribiente, pero le aseguró “que no llegaría a ser ni un alcalde de pueblo”. Esto hirió los sentimientos de Bernardo y, con el apoyo de su tío, el general Arias, se fue para Bogotá con muy poco dinero, pero con una carta de recomendación para el general Celerino Jiménez, un amigo de la familia, quien le tendió la mano. Ingresó a la Universidad Libre y luego continuó los estudios de abogado en el Externado de Colombia. Aquí recibió el apoyo del doctor Carlos Adolfo Urueta quien le tomó cariño y le ayudó a subvencionar los gastos. Con la ayuda de Luis Enrique Osorio, director de la revista La Novela Semanal, publicó varias novelas cortas como Luz, Muchacha Sentimental y Cuando Cantan los Cisnes; en ese momento apenas tenía 20 años. Se graduó en 1927 y se quedó en Bogotá esperando algún empleo, pero la república conservadora frustró esta posibilidad.


Regresó a Manizales y con el apoyo de su cuñado, el empresario alemán Federico Michaelis, fundó el diario Universal, de orientación liberal, que empezó a circular el 3 de julio de 1930; tenía ocho páginas y un tiraje de tres mil ejemplares. Bernardo escribía sobre el nuevo país y acerca del tránsito de la hegemonía conservadora a la república liberal. Pero con su tremenda pluma golpeó a muchos prohombres de la región, a “blancos” conservadores y liberales, y esto no se lo iban a perdonar. Cuando el periódico estaba en la cúspide le pidieron sus copartidarios que bajara el tono a las críticas, a los ataques contra la administración departamental, pues el diario era liberal y necesitaban un respiro. Bernardo acató la observación, silenció el periódico y empezó a dirigir su partido político, el Liberalismo Democrático.


En esta época la Iglesia todavía mantenía la alianza con los regímenes conservadores y ayudaba a fortalecer el sectarismo político heredado del siglo XIX; esta situación la aprovechó el escritor. Entendió que la mejor forma de acercarse al pueblo liberal y católico, discriminado por un sector del clero, era desde la misma doctrina cristiana y en esta dirección empezó una campaña soterrada contra los sacerdotes que utilizaban el púlpito y el confesionario, para hacer proselitismo político.

Como respuesta escribió una oración titulada Aclamación a Cristo; en ese momento el clero caldense estaba dividido por las posiciones sectarias de Monseñor Darío Márquez y por la vacilante actitud del arzobispo Ismael Perdomo, para las elecciones de 1930.


Bernardo produjo un escándalo en Manizales, por la oración escrita en estilo de panfleto, sin embargo fue nombrado Jefe Departamental de Policía, cargo que ejerció por algunos meses porque su amigo, José Camacho Carreño, quien estaba de Embajador en Buenos Aires, logró que lo nombraran Secretario Ad Honorem de la Legación en Argentina. Cuando viajó, el liberalismo democrático continuó la campaña política y, en una astuta maniobra, los dirigentes le ganaron la partida a la dirección liberal para el Concejo de 1933-1935. Estamos hablando del llamado “Concejo de los Negros”.


Llegó a Buenos Aires en junio de 1932 y aprovechó su cargo diplomático para relacionarse con la prensa, vivió la ciudad cosmopolita, se conectó con escritores, artistas y políticos, paseó por salones elegantes de la élite, pero también conoció los arrabales. Vivió este mundo rodeado de gente muy especial: muchachas milongueras, pederastas, morfinómanos, poetas y pintores. En medio de este ambiente escribió, de modo intenso y apresurado, la novela Por los Caminos de Sodoma o Confesiones Íntimas de un Homosexual; la obra la firmó como Sir Edgar Dixon, pues conocía la mojigatería de sus paisanos; en la misma fecha publicó el poema Roby Nelson.


El 2 de septiembre de 1932 se conoció la noticia de la invasión peruana a la guarnición de Leticia sobre el río Amazonas, y a Camacho Carreño y a Bernardo les correspondió representar a Colombia en Argentina, Uruguay y Paraguay. De esta experiencia quedaron los materiales para publicar un libro sobre el conflicto con Perú. El 23 de noviembre de 1933 regresó a Manizales.

El escritor
Llegó a la ciudad acompañado de un enorme prestigio y se alojó en la casa de su cuñado Federico Michaelis; aquí encontró el ambiente adecuado para escribir el ensayo En Carne Viva, donde señala a todos los “traidores de la patria”, por el mal manejo de la guerra que enfrentó a nuestro país con Perú. En la obra lanzó violentos puntapiés y terribles aguijonazos contra numerosos dirigentes políticos y esto no se lo perdonó la gran prensa liberal, ni los dirigentes del partido. En este ambiente se refugió en el periódico La Patria, donde le pagaban muy bien por sus artículos y empezó a publicar una serie de ensayos y novelas que lo consagraron en la región y en el país: Risaralda (1935); la traducción de Balada de la Cárcel de Reading (1936); y Diccionario de Emociones (1938). En este momento había logrado la madurez intelectual.


El 1 de febrero de 1938 el Concejo lo eligió, por unanimidad, Personero de Manizales. En ese momento estaba viviendo la mejor etapa de su vida porque su producción intelectual tenía reconocimiento nacional. Desempeñó el nuevo cargo por algunos días y presentó renuncia a partir del 28 de febrero. Sobre este asunto comunicó a sus amigos el deseo de radicarse en Buenos Aires porque allí tenía excelentes amistades y conservaba relaciones con periódicos y editoriales. Sin embargo, el 3 de marzo enfermó de gravedad y falleció al día siguiente. La ciudad se paralizó y el entierro fue apoteósico.


Transcurridos varios días, algunos de sus amigos más cercanos pensaron que su muerte había sido causada por una sobredosis de morfina; aunque el escritor estaba atravesando la mejor etapa de su vida, por el reconocimiento nacional de su trabajo intelectual, solo él conocía sus tormentas interiores. Muerto Bernardo, lentamente se fue silenciando y deformando su vida y obra. Esto es extraño porque el escritor era apreciado en todos los círculos literarios y se había convertido en una de las figuras más valiosas de la literatura de la región. Preocupada por el silencio que caía sobre Arias Trujillo, escribió doña Blanca Isaza lo siguiente:


Hoy, al cumplirse los tres años de tu ausencia, comprobamos con dolorosa sorpresa que ya no solo La Canchelo sino tus mejores amigos, tus compañeros de periodismo, tus admiradores y hasta tus detractores empiezan a olvidarte […]

*http://www.eje21.com.co

 
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