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LAS ARTES

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Las campanas guatiqueñas
Publicado 11/03/2018

Alfredo Cardona Tobón

El  23 de julio de 1898, Pedro Bueno, gobernador del Resguardo indígena de Potreros, dirigió una carta al presbítero Clemente Guzmán aceptando el traslado de los vecinos de la aldea de Guática a la localidad de Pueblo Nuevo en el Alto de Mismis.


No fue fácil convencer a los comuneros de la parcialidad para que trastearan sus ranchos a un nuevo sitio.


Aunque el traslado se justificaba por la falta de agua en la aldea, lo cierto era que tanto los  curas de Pueblo Nuevo  como los políticos conservadores de la provincia de Marmato  buscaban el control de la comunidad nativa y la  manera más efectiva era agregándola a la aldea recién fundada por los antioqueños.


Por otra parte, como el Cabildo indígena adelantaba un proceso  judicial contra los antioqueños por la ocupación de  su territorio, si los paisas lograban que la gente del Resguardo de Potreros residente en Guática se instalara en Pueblo Nuevo, se deslegitimaría la demanda con la presencia de los indígenas en el territorio en litigio.


Los miembros de la parcialidad se vieron presionados por el administrador antioqueño del Resguardo,  por los sacerdotes que eran antioqueños y por las autoridades conservadoras de la provincia  amangualadas con sus copartidarios paisas. Tras la resistencia inicial los guatiqueños aceptaron la propuesta de los colonos como lo manifestó el  gobernador indígena al cura  Clemente Guzmán en documento fechado  el 23 de julio de 1896 donde los nativos:  “Lo que queremos y deseamos es que todo se arregle bien- decía al sacerdote-  y con la equidad y la justicia que en todo caso reine la paz, la buena armonía  entre los vecinos que componen un pueblo”.

Supresión

Después del triunfo conservador en la guerra de 1885, el gobierno de turno suprimió al distrito de Quinchía, al cual pertenecía Pueblo Nuevo. El primero de julio de 1898 las autoridades caucanas erigieron el municipio de San Clemente con cabecera en Pueblo Nuevo y con Arrayanal, Llanogrande, Guática y Quinchía como  corregimientos.


Es de anotar que el nombre  de San Clemente no se tomó para honrar al presidente  San clemente, como algunos opinan, sino para rendir honores al  patrono de Tomás Clemente Diaz Morkum, un líder conservador de Riosucio, impulsor de la colonización del Alto de Mismis y uno de los primeros empresarios que abrieron el valle del río Risaralda.


Al  finalizar el siglo XIX los vecinos de Guática  se prepararon para  tumbar sus ranchos  en la vieja aldea y construirlos en la cabecera de San Clemente, un municipio extensísimo y muy pobre, con un concejo compuesto casi exclusivamente por antioqueños, a quienes  no le interesaban los problemas y necesidades de los resguardos de Potreros, de Quinchía y de Arrayanal  que constituían la mayor parte de la población.


A los paisas  les interesaba el oro, el carbón y la tierra  de los resguardos indígenas y  buscaban convertir las parcialidades, hasta entonces manejadas  como carne de cañón por los liberales radicales del Cauca, en fortines  conservadores.

LA OPOSICIÓN

No todos los comuneros de la parcialidad  estuvieron de acuerdo con el traslado de Guática y con la presencia de la gente traída desde Carmen de Viboral y de Marinilla para ocupar sus tierras.
Cuenta  Jacinto Taba, un anciano vecino de la vereda de Araos, que cuando Gregorio Tuzarma, Luciano Tonuzco y otros nativos conocieron  las intenciones de desmantelar el templo de Guática y trasladar imágenes y ornamentos a la iglesia del Alto de Mismis, se reunieron con otros amigos y protegidos por las sombras de la noche  bajaron las campanas de la torre con una trailla de mulas, las acomodaron en turega y se perdieron con ellas por el camino que llevaba al Chocó.


Nunca se supo a dónde llevaron las campanas, nadie vio ni oyó nada, pese a que el inspector de Pueblo Nuevo movió cielo y tierra para  recabar algún indicio.


Alrededor de las campanas  se han tejido  varias leyendas; don Manuel Tonuzco, último gobernador indígena del Resguardo de Guática, que tras el control antioqueño se denominó Resguardo de Potreros, afirmaba que Gregorio Tuzarma   enterró las campanas  en un paraje solitario y  por muchos años se escucharon los tañidos que salían de lo más profundo del cerro Gamonrrá.

Se las robaron
Por su parte Miguel Tabarquino, que Dios tenga en su seno,  aseguraba  que en la Guerra de los Mil Días  los guerrilleros de  Ceferino Ríos, o tal vez los de Manuel Ospina, treparon  de las orillas del río Cauca por el cañón de La Maldecida  y   en concierto con la  gente del Resguardo robaron las campanas para  convertirlas en perdigones.


En todas formas la guerra  frustró el traslado de Guática. Desde los primeros días del conflicto los combatientes liberales de Quinchía y Bonafont acosaron de tal manera a San Clemente, que sus vecinos se vieron obligados a refugiarse en Guática; así, pues, fueron  los antioqueños quienes tuvieron que trasladarse a la localidad nativa, convirtiéndola en una población mayoritariamente paisa mientras San Clemente se veía abocada a la desaparición.


 Durante décadas la  iglesia de Guática se quedó sin campanas. En los años treinta del siglo pasado el  padre Marco Antonio Tobón, anciano cofundador de la aldea del Rosario, siendo cura de Guática, adquirió nuevas campanas y dio impulso al caserío.


En la violencia política de mitad del siglo pasado los  antioqueños terminaron de desplazar a los nativos  del Resguardo de Potreros, arrinconándolos en la parte baja del territorio, donde fundaron la aldea de Santa Ana.


Este fue parte de un capítulo trágico que empaña la leyenda rosa de la colonización antioqueña,  una época donde en zonas como Guática, se confabularon curas y políticos  para despojar a los nativos de sus tierras y de sus minas.
http://historiayregion.blogspot.com.co/

 
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