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Desde hace dos años Junior, un pastor alemán que fue rescatado de un campamento guerrillero por parte de las Fuerzas Militares, llegó a la capital de Risaralda para tratar de acostumbrarse a la ciudad, después de pasar la mayor parte de su vida en la selva.
Para Junior, como para cualquier reinsertado que abandona la guerra y debe rehacer su vida, estos años no han sido fáciles, a pesar de que aquí encontró una familia amorosa que vela por su bienestar.
Cuando llegó del monte en un camión militar junto a otro pastor alemán que logró huir, este imponente animal sufría de desnutrición. No tenía a dónde ir pues los uniformados al verlo enfermo, temieron que contagiara a los otros perros que prestan su servicio a la patria.
Deshidratado y herido, esperaba en cercanías del CAI del parque Olaya que alguien se compadeciera de él, hasta que Andrés Zapata, su actual amo, lo vio y desde entonces Junior, "este perro andariego", como le dice cariñosamente está a su cuidado.
Al estar acostumbrado a largas caminatas, de vez en cuando Junior aprovecha cualquier descuido y abandona su hogar para irse a deambular por la ciudad. Curiosamente, a Junior no se le olvida el olor a militar, a uniformado, los identifica con facilidad, o tal vez será la pólvora de las armas que lo guían y cuando se ve perdido entre el caos de una capital en crecimiento, siempre va a parar al CAI más cercano, o al Comando de Policía, o donde encuentre a un oficial o patrullero, alguien que le sea remotamente familiar a su pasado.
En ocasiones sus travesías por las calles de Pereira no terminan bien, hace dos semanas la última vez que decidió huir, fue embestido por un vehículo desconocido que lo dejó cojeando y sin poder apoyar una de sus patas delanteras. El golpe le reventó el oído. Aturdido, vagó durante dos días hasta llegar al CAI del 20 de julio.
Como siempre sucede, cuando Junior se pierde milagrosamente algún conocido logra reconocerlo. Mientras sus amos recorrían la ciudad en su búsqueda, un cliente del parqueadero donde labora junto a Yanger, su compañero pitbull, lo vio adolorido y desorientado.
Mientras se cura de sus heridas físicas, tal vez nunca supere los traumas que le dejó la guerra, esos mismos que hacen que sienta temor cuando escucha un sonido fuerte creyendo que son las balas del conflicto armado que a tantos seres humanos le han quitado la vida.
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