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Israel Londoño Londoño
Aunque es de suponerse que el transporte aéreo se hizo para acortar distancias y para hacer la vida más ágil, tal como corresponde a un mundo globalizado que se mueve de manera vertiginosa, en ocasiones viajar a cualquier parte del país se ha vuelto un problema mayúsculo para quienes utilizan este medio.
Cuantas veces, los sufridos pasajeros que se ven obligados a madrugar a las 4:30 a. m. para tomar el primer vuelo hacia Bogotá que sale a las 6:00 a. m., deben esperar largas horas para realizar el anhelado viaje.
Y aunque las condiciones climáticas sean excelentes, una vez que los pasajeros están instalados en la sala de espera, se escucha por el altavoz a una funcionaria que dice: “El vuelo tal o cual está retrasado por restricción aérea en Bogotá”. Ahí viene la frustración y el desespero. Nada más incómodo y molesto para cualquier usuario que tratar de justificar que perderá la cita que tiene a las 9:00 a. m. en el centro de la capital.
Igual ocurre en el caso contrario: la persona se encuentra en Bogotá esperando abordar el vuelo de las 7:00 p. m. para regresar Pereira y cuando se acerca la hora del anhelado itinerario escucha nuevamente por el alta voz que el vuelo a Pereira está retrasado por colapso aéreo o por las condiciones climáticas en la ciudad.
El pasajero común y corriente, como cualquiera como nosotros, no entiende estos términos técnicos y no tiene forma de verificar la realidad, por lo que simplemente piensa o escucha por comentarios de otros pasajeros en iguales condiciones “es que el aeropuerto de Pereira siempre está cerrado o es que el aeropuerto el Dorado es un caos”. Pero, en realidad, estas dos apreciaciones carecen de veracidad.
Lo primero que debemos saber, amigos lectores, es que en nuestro país la creciente demanda del transporte aéreo nunca fue presupuestada adecuadamente ni por las aerolíneas ni por los administradores de los aeropuertos nacionales (en este caso la Aerocivil). Un ejemplo de ello es que el Aeropuerto Internacional Matecaña de Pereira, movilizó en el año 2011 un poco más 862.000 pasajeros utilizando 9 rutas diarias a Bogotá y la ruta Internacional a Panamá, principalmente.
Mientras tanto el aeropuerto El Dorado de Bogotá, a través de la principal aerolínea de Colombia, decidió por razones económicas, según ellos, centralizar los vuelos internacionales que tenían ciudades intermedias para que siguieran saliendo desde dicho Aeropuerto, lo que ha ocasionado una terrible congestión y, lo peor, que quienes viajan en esas rutas como Miami tengan que ir un día antes a la capital y pernoctar ahí con los costos adicionales que ella ocasiona.
Como conclusión, hay que decir que el Aeropuerto Matecaña no es tan malo como dicen en Bogotá y que su única dificultad es la falta de apoyo económico por parte del gobierno nacional a través de la Aerocivil, la cual manifiesta que no puede invertir en un aeropuerto que es propiedad del Municipio y que se debe concesionar su operación.
Frente a esa perspectiva, hay que recordar que esta ciudad tiene el sexto Aeropuerto más importante del país, lo que se mide por número de pasajeros movilizados y por número de operaciones aéreas, por eso es necesario invertir inmediatamente tanto en el lado aire como en la nueva terminal aérea de pasajeros, cuyo costo estimado está cerca a los $70.000 millones y cuyos diseños están totalmente terminados y listos para iniciar obras desde el año pasado.
Finalmente el Aeropuerto El Dorado, que entendió el mensaje anterior, se apresta a inaugurar en agosto la nueva terminal de pasajeros y a entregar las obras en la segunda pista en el 2013 con nueva torre de control con inversiones superiores a los $500 millones de dólares “Lean bien 935.000 millones de pesos”, casi 1 billón de pesos, 2,5 veces el PPTO del municipio de Pereira, en un año.
Y así hay dirigentes en Pereira que dicen que porque toda la inversión que se debe hacer nuestro Aeropuerto Matecaña (cerca de 300 mil millones de pesos), no la hace solo el Municipio. Esperamos que esas obras solucionen en gran parte todas las dificultades que se presentan en muchas ocasiones cuando se toma un vuelo Bogotá-Pereira o Pereira-Bogotá.
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