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Fabio Echeverri Caicedo
Pareciera que la mayoría de los colombianos en cada pensamiento y acción caminaran en contravía de la torturada y violada Constitución Política del 91.
El tránsito opuesto a los principios universales de la Carta Magna se fundamenta en la vulneración sistemática de los derechos, cuya trasgresión nace en las altas jerarquías, y están inmersos los ciudadanos (as) del común.
El acceso a la salud, educación, trabajo, y respeto a la libertad de pensamiento, para mencionar algunos, están en los enunciados de la Constitución Nacional, pero son un saludo a la bandera.
Cundo cualquier ciudadano (a) busca empleo y cuando está a punto de lograr ese propósito, se encuentra con la barrera que lo devuelve a la casa en medio de la desesperanza. Los requisitos para acceder al trabajo y a los servicios son construidos para desviar la atención y hacerle creer al país que se brindaron las oportunidades, pero que los aspirantes no llenaban las expectativas.
Las EPS no cubren los costos que demanda la somatización de los pacientes. Y, si se emiten pensamientos libres, la persona es calificada de subversiva, amiga de las Farc y la marcan con la lápida para la tumba.
Algunos medios de comunicación, sectores reli giosos, políticos, empresarios y sociales viven en función opuesta de la CN, los periodistas filtran las pruebas de los sumarios, condenan al implicado por la simple sospecha, los curas tratan de imponer sus criterios, y ponen a la sociedad en una incertidumbre peligrosa frente a la verdad.
Los Empresarios son defensores de una justicia que no aplican, porque son los primeros en negar el alza del salario mínimo.
En Colombia, a raíz de las crisis y violaciones a los derechos del hombre, cada quien quiere moverse al son que baila el perro, y si la clase dirigente no da ejemplo, la sociedad actúa en consecuencia.
La lucha apenas comienza para construir una verdadera cultura de la legalidad, que debe empezar en familia, desde el vientre materno, para lograr el presente futuro: O libertad o masoquismo. El todo vale se irá a la tumba.
Campaña del Pri: Debemos cambiar el nombre de Avenida Belalcázar por el de Avenida Padre Antonio José Valencia.
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