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Rubén Darío Sierra Montoya
La avasalladora sintonía que recibió inicialmente la historia doloroso y pornográfica de “Escobar, el Patrón del Mal”, se vino abajo de manera sorprendente frente a un no menos truculento e inmoral reality, cuyo mayor atractivo es poner en público las más asqueantes y vergonzosas manifestaciones de los seres humanos, encerrados entre unas paredes, como ratas en cajas de Skinner, en la que un niño gay es expuesto con toda nuestra cauda de discriminación homofóbica, junto con las mentiras y poses decadentes de una condición psicológica maltratada.
El procedimiento ya había sido trabajado por Jean Paul Sarte, padre del existencialismo, en una atormentada obra de teatro: “El Infierno”, en la que cuatro personajes literalmente se destrozan dentro de un cuarto - refugio, en medio de una ciudad sitiada por la guerra. “El infierno son los demás”, concluye su personaje principal.
Sí, estamos sitiados también por una guerra sin explosiones, sin balas, pero igualmente mortal.
Estamos acorralados por la guerra de la inmoralidad, de la desfachatez, de la falta de consideración por los demás, por un relativismo moral en el que todos los derechos se predican en beneficio personal, incluso pasando por encima de los derechos ajenos, haciendo caso omiso de los principios elementales de la ética. Y en medio de este combate donde ya han claudicado la economía, la política, los gobiernos, las familias... sólo queda una última trinchera desde donde, como francotiradores en un campo de batalla desolado, los maestros libramos el último combate por la honestidad, las buenas maneras, la bondad, el altruismo, y el humanismo.
Somos la esperanza final, y con la decisión de nuestra historia acumulada y con la ayuda del Maestro Divino, no podemos claudicar en esta cruzada por el bien.
*Coordinadortécnico Pedagógico
Fundación Gimnasio Pereira
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