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John Diego Molina
Definitivamente no deja de ser preocupante la actitud de quienes pretenden manipular el país frente a los hechos que pueden generar alguna opinión, pues resulta contradictorio que cuando alguien asume una posición contraria al establecimiento, comienzan a llover epítetos de todos los calibres y condiciones, para tratar de mostrarlo como enemigo de la paz, de la institucionalidad, de la imagen del país, o simplemente para ridiculizarlo, como si fueran dueños de la verdad absoluta, o para darle garrote pretendiendo reducirlo a la mínima expresión.
A todos se nos ha vendido el cuento que en un estado de derecho es necesario que se haga oposición, que frente al ganador o ganadores es imprescindible que exista otro elemento fuerte, que se convierta en vigilante permanente de su actuar, para cuyo efecto se le dota de herramientas nacidas de la propia constitución, de la ley y del estatuto de la oposición, que unido al derecho de expresión, que le permite emitir opiniones y conceptos, se garantiza un escenario libre para que la democracia se alimente y se nutra en debida forma, para que cada ciudadano se pueda sentir muy cerca de sus administradores, bien sea para identificarse con su planes de gobierno y sus ejecutorias, o simplemente para criticarlos así levante ampolla en la espalda de nuestros dirigentes.
Uno se pregunta ¿dónde está la oposición en este país? porque la izquierda siempre ha demostrado su incapacidad, y su ineficiencia, cuando disfruta de las pequeñas mieles del poder que termina aplastándole y quitándole su popularidad (para muestra un botón, el Alcalde de Bogotá a quien siempre he admirado por su talento), bien pudiera decirse que las veedurías ciudadanas vienen ejerciendo un papel rescatable, que llena parte de este agujero negro, cuando de alguna manera se convierten en una conciencia pública frente a las decisiones de los todos poderosos dirigentes.
Qué interesante sería que en cada rincón de Colombia, sobre todo en los municipios capitales naciera una oposición inteligente, sería, responsable, decente, y sobre todo estudiosa y analítica, con equipos fuertes, heterogéneos, constituidos sobre intereses colectivos y no personales, que no se vende a los halagos de la burocracia, que no se deje intimidar frente al gamonal de turno, y que permanezca en el tiempo, para que la comunidad aprenda a respetarlo.
Da grima el espectáculo que se ha montado por el nacimiento de un nuevo movimiento político el “puro centro democrático”, con objetivos concretos, como el “lanzamiento de un frente contra el terrorismo”, liderado por el presidente Uribe, (situación que ni critico ni alabo) que no ha cometido ningún delito, que solo está dando aplicación a los cacareados principios democráticos y que si le está haciendo oposición al presidente Santos pues que la haga, que en nada está ofendiendo a nuestras instituciones.
Qué bueno sería que en esta ciudad se creara un frente para recuperar nuestra Plaza de Bolívar, para hacerle entender a la administración que no se puede ser sorda al sentimiento colectivo, que hay que respetar su clamor y sobre todo que no se puede olvidar que la voz del pueblo es la voz de Dios.
Una oposición ejercida con autoridad y respeto, se constituye en un baluarte de sinigual importancia para evitar que las comunidades cansadas se desborden, irrespetando la institucionalidad y la legalidad. La oposición en nuestro país no puede seguir siendo el gran ausente de los eventos nacionales y locales, por estar de rodillas ante el altar de los políticos.
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