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Aníbal Gómez Villegas
Son muchos los colombianos que abrigan la esperanza de que algún día termine esta crisis de autoridad por la que atraviesa el país, con la falta de acciones para superar la fatídica ola delincuencial, con esa cantidad de ladrones y criminales de toda índole que diario recorren las calles en las distintas ciudades dedicados al atraco, al robo en los centros comerciales, en las residencias y con el famoso fleteo, pero cuando estos delincuentes son capturados, y llevados a los despechos judiciales, pensamos que serán castigados, pero al poco rato salen, y de esta manera, la esperanza en la lucha por acabar con la inseguridad se esfuma, y se nos ausenta ese optimismo que teníamos en las políticas de seguridad tan pregonadas por el gobierno, que con el transcurrir del tiempo esa esperanza se nos convierte en un pesimismo total, porque no se ve por parte alguna la solución del problema, que se agranda cada vez más, sin que los entres legislativos se apersonen de la delicada situación, por que aunque el delincuente sea capturado con las manos en la masa, el inspector, o el juez de turno le dan la libertad argumentando que faltan pruebas, que el delito imputado es de menor cuantía, o que el ofendido no presentó la respectiva denuncia del caso, patrocinando así este atropello contra la comunidad que día a día se encuentra más desprotegida.
Para variar, da tristeza y hasta risa escuchar en los noticieros radiales, como algunos oficiales de la policía le piden a los padres de familia que ejerzan mayor control con sus hijos, insinuándoles que los cuiden, y los aconsejen haciéndoles ver los peligros a que están expuestos cuando caminar por los centros de la ciudad, o por aquellos barrios de alta peligrosidad en donde existen las tenebrosas pandillas.
Como si ellos no superan que a los muchachos de hoy no se dejan corregir, y no les interesa nada las recomendaciones del jefe del hogar, porque para ellos, y lo manifiestan de forma despectiva; el cucho esta fuera de onda, y como según las leyes no los pueden castigar ni obligarlos para que le hagan caso, hay que dejarlos, que se defiendan como quieran, porque si el padre o madre que busca orientarlos bien se atreve a corregir las actuaciones es demandado por mal trato, razón por la que los progenitores pierden toda autoridad sobre sus hijos.
Así la juventud actual goza de libertad para actuar como quiera, sin que las permisivas leyes estatales, ni la escasa autoridad familiar puedan impedirles.
Es muy triste ver hasta donde hemos llegados, y sin ninguna duda la excesiva tolerancia con la manera en que se organizan los jóvenes de hoy, para dejarse llevar al abismo patrocinados por los genios del mal, que los convencen fácilmente, para que vallan siempre en contra en contra de las normas legales oponiéndose a sus mandatos, ofreciéndoles el vicio que es la meta segura para llegar a la criminalidad, y así acabar tarde o temprano con la integración familiar, y contribuir al degenero de la sociedad, logrando con esto ubicar al pais como uno de los más peligrosos del mundo. Como el dicho aquel:
Que como vamos, vamos mal, cada vez son más los problemas que la comunidad se ve obligada a soportar. Hasta donde nos llevara esta tolerancia, con unas normas que no se pueden aplicar de manera estricta.
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