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OPINION

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Un basilisco llamado reforma de la justicia
Publicado 24/06/2012

Francisco Castro Castillo

Todo aquello que comienza mal, termina mal. Fue la sentencia para la reforma de la justicia. Una muerte anunciada. Cuando el Presidente anunció la reforma de la justica, en boca del Ministro del Interior y Justicia, Germán Vargas Lleras, el tema central era la eliminación del Consejo Superior de la Judicatura.

 

Al llegar Juan Carlos Esquerra como titular del ministerio de la justicia, empezó a hablar el mismo lenguaje para no desentonar la orquesta de gobierno. Pero a poco andar, empezó la desarmonía de la orquesta, y el director de la misma, el Presidente, anunciaba a los colombianos desde Palacio, que se había logrado un consenso entre las cortes, el congreso y gobierno para la aprobación de la reforma.

 

El consenso de que hablaba el Presidente pasaba por los beneficios a las cortes del aumento en la edad de retiro a 70 años, y aumento de su periodo de 8 a 12 años, no pedía por ellos.

 

Es decir, las cortes estaban a salvo. Pero no contaba el Presidente que esta gabela entregada a los magistrados era la lápida colgada al cuello de la reforma, o, si se quiere, la carnada entregada al lobo de la política.


El peso y contrapeso entre gobierno y congreso empezaba su marcha, una cosa era lo que se cocinaba en palacio, y otra distinta, el condimento que se le echaba al cocinado en el congreso. Al final, ruptura entre congreso y gobierno, y las cortes, de bajo perfil. Mal sabor para la ciudadanía que sintió estupor por lo que salió del congreso: un basilisco de varias cabezas, sin excusas en su paternidad, empezando por los presidentes de Cámara y Senado, Simón Gaviria y Juan Manuel Corzo. Simón Gaviria confiesa no haber leído el texto conciliado a profundidad, es decir, pasó por su registro sin pestañear.

 

Qué vergüenza que así hubiese sucedido, porque después declaró ladinamente que el partido Liberal recomienda el hundimiento de la reforma. Por Dios, ¿en manos de quien estaba la suerte de la reforma? Un Simón Gaviria despistado, un Juan Manuel Corzo investigado en la Corte Suprema, y un Ministro Esguerra, bailando fuera de la fiesta, lo dejaron por puerta en la conciliación, entonces, que entre el diablo y haga de las suyas como sucedió.

 

Fue el epílogo de una reforma que no recogía la esencia de los problemas de la misma. Solo negociación de pequeños y mezquinos intereses, que fundieron al Ministro.

 

Los problemas neurálgicos de la justicia, como la impunidad, la pronta y efectiva para el ciudadano de a pie, la descongestión de juzgados, la corrupción a su interior, castigo a jueces banales y abogados litigantes corruptos, magistrados más interesados en cátedras universitarias y viajes al exterior que en resolver los asuntos a su consideración, la eliminación del Consejo Superior de la Judicatura, por corrupto y no cumplir las expectativas ciudadana, estaban pasando a un segundo plano.

 

Todo se negoció a cambio de eliminar la comisión de acusaciones de la Cámara, que era tanto como hablar de la soga en casa del ahorcado, y, ¿a cambio de qué? llegó la cuenta de cobro, era cuestión de tiempo, el congreso cobró por ventanilla.

 

El problema de la sociedad era otro, que el Presidente no supo interpretar. Por miope, la ciudadanía le pasó cuenta de cobro al gobierno y congreso. La alocución presidencial, salvó al gobierno del referendo revocatorio de la reforma, que se habría constituido en un hecho devastador para su futura reelección.


El Presidente en su alocución se refirió a tres puntos para objetar la reforma y devolverla al congreso. Al margen de los tres puntos, lo que importaba a los colombianos era que se retirara porque solo servía para pagar pequeños y mezquinos favores entre el congreso y las cortes, con el gobierno de garante, pero pudo más su vanidad de pasar a la historia como reformador de las instituciones. Se estrelló contra su propia realidad que escapó a sus cálculos.

 

Bueno, habrá que esperar como se clarifica la salida del laberinto en que se encuentra metido el basilisco llamado reforma judicial. Los colombianos estaremos a la expectativa.

 
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