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La ley que acaba de ser aprobada por el Congreso y que sanciona con más drasticidad a los conductores que manejan con tragos, introduce un ingrediente muy importante para el manejo de la cultura ciudadana.
Los accidentes de tránsito en buena parte son causados por conductores ebrios, o alicorados o copetones como dice la gente. El que conduce en estas condiciones pone en peligro su vida y la de las personas o autos que encuentra a su paso.
La ley ha sido tolerante con esta situación porque esa es parte de la cultura tradicional de los colombianos, beber y manejar. Es algo que en buena hora se ha empezado a corregir, a cambiar en las costumbres y una de las formas de hacerlo es con sanciones, endureciendo la ley.
Ya ni dos cervezas son permitidas. El conductor que lo haga perderá su licencia de conducir y la reincidencia se aún más grave.
Por ahora no hay prisión pero si probablemente los indicadores no mejoran tendrá que ser lo que sigue.
Los colombianos tenemos que ser concientes de que hay que preservar la vida y la integridad de la gente, que no podemos seguir como irresponsables por las vías del país causando daño y matando gente. A manejar juiciosos y el que quiera beber deberá tener su conductor designado.
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