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Pompilio Páez, el técnico pereirano con más títulos
Publicado 03/01/2016

Óscar Andrés Quintero
El Diario del Otún

Por estos días es usual ver caminar por las calles de Pereira, acompañado de sus hijas y su esposa, a Luis Pompilio Páez Castellano, actual asistente técnico de la Selección Mexicana de Fútbol, quien se encuentra en la Perla del Otún, su casa, disfrutando de unas merecidas vacaciones luego de un 2015 lleno de satisfacciones en el que tuvo la oportunidad de pasar fronteras, inicialmente en el fútbol brasilero y meses después con su arribo al cuerpo técnico de la Tri.


Y es que aunque ha tenido la oportunidad de estar en distintas ciudades de Colombia y del mundo, ninguna le hace sentir ese cosquilleo en el estómago que le produce su amada Pereira, a donde llega cada que tiene algunos días de descanso, esa misma ciudad que el 18 de diciembre de 1959 lo vio nacer cerca a donde hoy está ubicado el hospital San Jorge de Pereira.


"Yo nací por la 29 con cuarta, luego viví en la 35, pero donde más viví fue en el barrio La Victoria. Teníamos una niñez con mucha libertad, nos íbamos al río Consota a pescar, a bañarnos, a jugar fútbol. Me la pasaba jugando toda la tarde y toda la noche, servían la comida, comíamos en 5 minutos y seguíamos jugando. Me acuerdo de esa época tan linda cuando montábamos en tabla por una pendiente que le untábamos cera, los juegos de la Vuelta a Colombia, de bolas, del cuadrito, del trompo, la guerra de los libertadores, escondidijo, eso jamás se borrará de mi mente".


El séptimo de los 8 hijos de don Pompilio y doña  Viviana, quien por muchos años hizo parte de Deportivo Pereira como jugador y posteriormente como técnico, tenía el fútbol más que marcado en su vida; cuenta que su historia en este deporte inició cargándole los maletines a sus hermanos y a sus primos mayores, a quienes sagradamente iba a ver jugar todos los domingos. En la mitad de los partidos tomaba prestada la pelota y mientras los jugadores descansaban, él mostraba sus dotes con la redonda y su rudeza física, esa que finalmente lo consagró en la primera categoría.


"Resulta que tenía muchos primos mayores que jugaban fútbol entonces yo les llevaba el maletín a los partidos, el domingo el paseo era ir a verlos, ahí comenzó a gustarme ese deporte. Cuando llego a la Selección Risaralda me doy cuenta que tengo cosas importantes para iniciar una carrera porque nunca pensé que iba a ser futbolista, era muy buen estudiante, pero Dios tenía preparadas cosas muy importantes para mí".

Tras una pelota
Sus estudios de primaria en la escuela Miguel Antonio Caro y posteriormente en el Rafael Uribe Uribe, los alternaba con su gran pasión, el fútbol, "empecé jugando fútbol en la 26 con 10, en una canchita que le decían El Hueco y también jugábamos en la calle, allí fue donde nos hicimos".
Inició su bachillerato en el Instituto Técnico Superior, donde hizo parte de la selección de fútbol, la misma con la que enfrentó a varias instituciones educativas. Recuerda que por su contextura física sus entrenadores lo fueron ubicando como volante de marca, y un día cualquiera cuando enfrentó al colegio Calasanz, le tocó verse la cara con un dúctil volante de armado que lo puso a correr por toda la cancha, de oriente a occidente y de norte a sur, se trataba del santarrosano Juan Carlos Osorio Arbeláez, quien tiempo después se convirtió en más que un amigo, un hermano.


"Enfrenté a Juan en varios partidos, inclusive yo lo marcaba. Al siguiente año empezamos a jugar juntos en Plastiquímicas, nos unió un amigo que reunió un equipo juvenil, prácticamente los mejores jugadores, esa fue la base de la Selección Risaralda, y ahí empecé mi carrera, luego divisiones menores del Pereira y luego en primera".

Un dúo exitoso
Después de ser rivales en el juego, el destino ya escrito unió a Luis Pompilio y a Juan Carlos en un mismo equipo y en un mismo sentimiento llamado lealtad, el cual ha permanecido en ellos por más de 40 años. Los conductores de las rutas que llegaban al estadio Mora Mora y a la Villa Olímpica de Pereira, los fueron identificando, pues ambos tomaban el mismo autobús, a la misma hora, para asistir a los entrenamientos y a los partidos; entre uniformes, guayos y estrategias fueron consolidando una gran amistad.


"Yo vivía en la 26 con 11 y él en Centenario, entonces los buses pasaban por la novena, cada que íbamos para el Mora Mora o para La Villa nos teníamos que ver. Estuvimos juntos mucho tiempo, nos veíamos casi todos los días, me hice amigo de sus padres, veníamos a almorzar a mi casa e íbamos a la de él, es una amistad de mucho tiempo donde aparte de amigos él dice que yo soy su hermano y yo digo lo mismo. Juan para mí ha significado muchas cosas porque es una persona muy exigente, muy estructurada, tengo muchas cosas para agradecerle y aunque por muchos años estuvo fuera del país, nunca nos dejamos de hablar".

Deportivo Pereira
Ambos llegaron a integrar el plantel principal del conjunto Matecaña, Páez con más suerte que Osorio, este último después de mucho intentarlo se decidió por el estudio y viajó a Estados Unidos. Por su parte Pompilio se consolidó en el equipo de la ciudad.


Corría el año 1980 cuando se dio su debut en Barranquilla frente a Junior, desde ahí no paró de jugar con el plantel rojiamarillo, a tal punto que ostenta el título del deportista que más veces ha vestido la camiseta amarilla y roja, los seguidores de los números aún no se ponen de acuerdo, unos dicen que jugó 332 partidos, y otros que fueron 340, sea cual sea la cifra, hasta hoy nadie la ha superado.


"Yo jugué en el Pereira 12 años, los 5 primeros actué en un puesto que no era el mío, yo pensaba que podía desarrollar todo mi potencial de volante de primera línea como se llamaba en ese entonces, volante de marca, duré 5 años jugando de central y lateral esperando la oportunidad hasta que logré ser volante, luego fui transferido a un equipo tan importante como América donde estuve 8 meses, luego pasé al Deportes Quindío y posteriormente regresé al Pereira donde terminé mi carrera en 1994".

De jugador a técnico
Aunque su vida vestido de 'cortos' terminó, Páez, quien estudió un par de semestres de Tecnología Eléctrica en la Universidad Tecnológica de Pereira, no se desvinculó del fútbol, y en 1995 luego de un breve paso dirigiendo la Selección Risaralda sub 23, pasó a Deportivo Pereira como asistente técnico de Óscar Héctor Quintabani, con quien hizo sus primeros pinitos desde la raya.


De la mano del entrenador colombo-argentino, trasegó por el banquillo de equipos como Quindío, Deportivo Quito (Ecuador), Deportivo Cali y Tuluá, con este último plantel tuvo la oportunidad de estar en Copa Libertadores y posteriormente lo dirigió como técnico en propiedad durante 8 meses. Sin embargo, su verdadero reconocimiento como entrenador se dio en el año 2006 cuando Juan Carlos Osorio, su amigo incondicional, lo convocó para que hiciera parte del cuerpo técnico de Millonarios, allí empezó la era Osorio-Páez.


Cuatro años después y ya al mando de Once Caldas de Manizales, este dúo dinámico consiguió su primera estrella en el fútbol profesional colombiano, desde entonces no han parado de triunfar, a tal punto que se convirtieron en el cuerpo técnico más ganador de Atlético Nacional, conjunto al que llegaron en 2012 y durante tres temporadas consiguieron tres títulos de liga, dos de Copa Colombia y uno más de Superliga, coronas que les sirvieron para que equipos y selecciones nacionales quisieran contar con sus servicios.


"Ser campeón de Liga es muy bueno, ser doble campeón de Liga es extraordinario, pero tres títulos seguidos es casi imposible, sin embargo, logramos esos objetivos y creo que ello llevó a que nos tuvieran en cuenta no solamente para llegar al Sao Paulo de Brasil sino para dirigir la Selección de México, una de las más grandes e históricas de América", concluyó.


Grandes amores
Aunque no niega que nació para el fútbol y desde muy joven el 90 % de su tiempo lo tiene dedicado a ese deporte, sacó un espacio para darle cabida al amor y de ello no se arrepiente. En sus deseos de continuar adquiriendo conocimientos, cuando apenas iniciaba en el Pereira, ingresó a un instituto a aprender computación, allí conoció a Salomé, de quien se enamoró no solo por su belleza, sino por su liderazgo, ese mismo que muchas veces le sacó 'la piedra' en clase. Se hicieron novios, poco después se casaron y dieron vida a Paula Marcela y Angélica Paola, dos atléticas jóvenes que se convirtieron en el amor del hogar, "ellas tres y el fútbol son mi mayor bendición", expresó el profe Pompilio.

 
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